16 abril 2024 Por Noemí Valle 0

Beatriz Robles, nutricionista: «un alimento con contenido reducido en sal puede seguir teniendo muchísima sal»

Leer las etiquetas de los productos a menudo se convierte en una tarea un tanto complicada. El exceso de sal en ciertos alimentos cada vez se tiene más en cuenta, por ello las apuestas por opciones reducidas en este condimento están ganando más y más notoriedad en los últimos años y es que como ya sabemos no es recomendable abusar de este componente en las comidas. Así lo ratifica la Organización Mundial de la Salud, que afirma que el exceso de sal en la dieta incrementa la presión arterial causando aproximadamente el 30% de la prevalencia de hipertensión.

Dicha organización insiste en que el alto contenido en sal en nuestra dieta está también vinculado con el cáncer de estómago, empeoramiento de asma, osteoporosis, cálculos renales e insuficiencia renal. No es de extrañar que tras la publicación de estos datos muchos, a pesar de no padecer ninguna de las dolencias anteriormente nombradas tendamos a apostar por productos bajos en sal cuando acudimos al supermercado, pero, ¿realmente tienen poca sal estos alimentos?

Beatriz Robles, nutricionista, tecnóloga de alimentos y divulgadora científica con medios de comunicación, nos explica la importancia de saber entender las etiquetas de los productos, donde se diferencia entre alimentos sin sal añadida, bajos en sal o contenidos reducidos en sal, entre otros, y es que a pesar de que a primera instancia dichos términos nos pueden parecer bastante similares, lo cierto es que no tiene nada que ver entre sí.

Las diferentes menciones sobre el contenido en sal de un producto

«Según los sellos de advertencia que se usan en Chile, se considera que un alimento sólido es alto en sal si tiene a partir de 1g de sal por cada 100g. En el caso de que sea un líquido las cifras varían y se establece que el límite en estos casos sería de 0,25g de sal por cada 100g», explica Beatriz Robles. Sobre dichas pautas se establecen los diferentes conceptos que aparecen en las etiquetas de los productos.

Sin sal: quiere decir que un alimento contiene como mucho 0,0125g de sal por cada 100g.
Muy bajo contenido en sal: el producto contiene como mucho 0,1g de sal por cada 100g.
Bajo contenido en sal: el alimento presenta como mucho 0,3g de sal por cada 100g.
Sin sal añadida: afirma que no se le ha añadido sal, sodio, ni ningún ingrediente que tenga sal o sodio añadidos y como mucho tiene un límite de 0,3g de sal también por cada 100g.

En todas las menciones anteriores se fija siempre el tope de sal que puede llevar el producto, por ello es importante diferenciar estos de aquellos que tiene en su etiqueta la premisa de «contenido reducido en sal». En estos últimos no se ha fijado un límite máximo como en los alimentos anteriormente nombrados, sino que se notifica que su contenido en sal es un 25% inferior conforme al porcentaje que tienen otros productos similares.

Como explica Beatriz robles, es importante prestar atención a lo productos «reducidos en sal», ya que dichos valores son relativos:  «si el producto original tiene una cantidad enorme de sal como ocurre con las aceitunas, los encurtidos o las patatas fritas, al reducirlo un 25%, la cantidad de sal total puede seguir siendo enorme».

Fotos | monicore en Pexels

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Beatriz Robles, nutricionista: «un alimento con contenido reducido en sal puede seguir teniendo muchísima sal»

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Noemí Valle

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Leer las etiquetas de los productos a menudo se convierte en una tarea un tanto complicada. El exceso de sal en ciertos alimentos cada vez se tiene más en cuenta, por ello las apuestas por opciones reducidas en este condimento están ganando más y más notoriedad en los últimos años y es que como ya sabemos no es recomendable abusar de este componente en las comidas. Así lo ratifica la Organización Mundial de la Salud, que afirma que el exceso de sal en la dieta incrementa la presión arterial causando aproximadamente el 30% de la prevalencia de hipertensión.

Dicha organización insiste en que el alto contenido en sal en nuestra dieta está también vinculado con el cáncer de estómago, empeoramiento de asma, osteoporosis, cálculos renales e insuficiencia renal. No es de extrañar que tras la publicación de estos datos muchos, a pesar de no padecer ninguna de las dolencias anteriormente nombradas tendamos a apostar por productos bajos en sal cuando acudimos al supermercado, pero, ¿realmente tienen poca sal estos alimentos?

Beatriz Robles, nutricionista, tecnóloga de alimentos y divulgadora científica con medios de comunicación, nos explica la importancia de saber entender las etiquetas de los productos, donde se diferencia entre alimentos sin sal añadida, bajos en sal o contenidos reducidos en sal, entre otros, y es que a pesar de que a primera instancia dichos términos nos pueden parecer bastante similares, lo cierto es que no tiene nada que ver entre sí.

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«Según los sellos de advertencia que se usan en Chile, se considera que un alimento sólido es alto en sal si tiene a partir de 1g de sal por cada 100g. En el caso de que sea un líquido las cifras varían y se establece que el límite en estos casos sería de 0,25g de sal por cada 100g», explica Beatriz Robles. Sobre dichas pautas se establecen los diferentes conceptos que aparecen en las etiquetas de los productos.

Sin sal: quiere decir que un alimento contiene como mucho 0,0125g de sal por cada 100g.
Muy bajo contenido en sal: el producto contiene como mucho 0,1g de sal por cada 100g.
Bajo contenido en sal: el alimento presenta como mucho 0,3g de sal por cada 100g.
Sin sal añadida: afirma que no se le ha añadido sal, sodio, ni ningún ingrediente que tenga sal o sodio añadidos y como mucho tiene un límite de 0,3g de sal también por cada 100g.

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Como explica Beatriz robles, es importante prestar atención a lo productos «reducidos en sal», ya que dichos valores son relativos:  «si el producto original tiene una cantidad enorme de sal como ocurre con las aceitunas, los encurtidos o las patatas fritas, al reducirlo un 25%, la cantidad de sal total puede seguir siendo enorme».

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