7 agosto 2022 Por Audrey 0

«Cariñosos, pero muy cabezotas»: tres dueños de teckel nos hablan de cómo es esta raza de perro

Quien ha tenido un teckel sabe de lo que hablamos. El vulgarmente conocido como «perro salchicha» es de esas razas de perros que enamora y que, una vez llegana  tu vida, te roban completamente el corazón y prueba de ello es los testimonios recogidos que coinciden en que son únicos.

Como base, para todos aquellos que no conozcáis mucho el carácter de un teckel, es una raza tranquila, afectuosa y muy decidida, pero de esos que tienen un fuerte carácter a pesar de ser bien pequeños que puede aflorar en ocasiones lo que hace que tengamos que ser muy firmes con ellos aunque luego tienen la capacidad de ablandarnos.

En primer lugar hemos hablado con Ángela dueña de dos teckel: Pipa y Lupe, de nueve años y 9 meses, de pelo corto. Antes de Pipa nunca había tenido perros y, desde entonces, nos ha confesado que no las cambia por nada y en sus propias palabras,  «si algo tengo claro es que no voy a tener otra raza de perros que no sean teckel. Son lo mejor».


Lo que más me gusta de las dos es que se adaptan totalmente a tu estilo de vida y se portan muy muy bien, tanto si estás todo el día fuera de casa, como si decides quedarte.

En cuanto a su carácter, Ángela lo tiene  claro.

Son muy cariosas, juguetonas y muy valientes, no son el típico perro miedoso. De hecho, plantan bastante cara si se les acercan perros más grandes, lo que me encanta de ellas. Además, son unas perras muy leales y protectoras, sobre todo, cuando están en casa y ladran a cualquier persona ajena que se acerca, contagiándose la una a la otra.  Eso sí, son muy cabezonas, hay que decirles catorce veces las cosas y aún así hacen lo que quieren, pero aun así son muy graciosas porque son muy conscientes cuando hacen algo mal y su reacción es ponerse panza arriba.

Tal y como sabemos, en relación a los cuidados especiales de este tipo de perros, ella ha tomado muy buena nota y nos comenta…


Como cuidados especiales ponemos especial atención en sus espaldas y, sobre todo con Lupe, la chiquitina, la hemos acostumbrado a usar escaleritas pequeñas para subir y bajar de los sitios para evitar lesiones y prestamos mucha atención a la alimentación para que no engorden.

En segundo lugar hemos hablado con Andrea que ha tenido teckels toda la vida en casa. Su padre es cazador y le encanta esta raza de perros que son grandes rastreadores.

Una vez se independizó, llegó a su vida Lolo, un teckel miniatura que era un auténtico terremoto y, a pesar de su pequeño tamaño, era capaz de de atraer todas las miradas y ganarse la simpatía de todo el que se cruzaba en su camino.


Era un perro extremadamante cariñoso y que no se separaba de mí ni un minuto, aunque hay que reconocer que a tozudo y cabezota no le ganaba nadie.

Para ella, «no hay perros como los teckel, sencillamente, me encantan. De hecho, tengo claro que sería la raza que volvería a escoger una y otra vez».

Por último, os voy a hablar de mi propia experiencia  con los teckel. Hace 25 años llegó a mi casa Kurda, una teckel de pelo corto que estuvo con nosotros 13 maravillosos años. Era lista como nadie, tranquila en casa pero decidida y valiente fuera, una perra leal hasta el extremo y una de las criaturas más bonitas que he tenido.

Algunos años después llegó Janfri, el «niño de mis ojos», un teckel de pelo duro precioso que estuvo conmigo (y cuando digo conmigo era a mi lado día tras día) en cada paso que daba, lo mismos estudiando que cuando me iba a la ducha y me lo encontraba esperando en la alfombrilla del baño. Era auténtica devoción lo que sentíamos el uno por el otro.

Nunca he tenido un perro tan bueno y a la vez tan terco. No había manera de sacarle de sus trece pero, en el fondo, era algo que también me gustaba de él: era muy decicido.

Janfri sufrió de una hernia discal que le paralizó las patitas traseras y, a pesar de que hicimos todo lo posible, no era reversible con ningún tratamiento y no tenía ninguna calidad de vida.

Hasta el último día, aun con todos los dolores que tenía que estar sufriendo, nos demostró todo el cariño y amor que nos procesaba, especialmente a mí y, desde entonces, tengo que confesar que no he podido volver a tener perro. Eso sí, igual que las otras dos experiencias contadas, tampoco lo dudaría y, si se diera el caso, volvería una y otra vez a tener un teckel.

Fotos | Cedidas por los dueños


La noticia

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por
Audrey

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Quien ha tenido un teckel sabe de lo que hablamos. El vulgarmente conocido como «perro salchicha» es de esas razas de perros que enamora y que, una vez llegana  tu vida, te roban completamente el corazón y prueba de ello es los testimonios recogidos que coinciden en que son únicos.

Como base, para todos aquellos que no conozcáis mucho el carácter de un teckel, es una raza tranquila, afectuosa y muy decidida, pero de esos que tienen un fuerte carácter a pesar de ser bien pequeños que puede aflorar en ocasiones lo que hace que tengamos que ser muy firmes con ellos aunque luego tienen la capacidad de ablandarnos.

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En cuanto a su carácter, Ángela lo tiene  claro.

Son muy cariosas, juguetonas y muy valientes, no son el típico perro miedoso. De hecho, plantan bastante cara si se les acercan perros más grandes, lo que me encanta de ellas. Además, son unas perras muy leales y protectoras, sobre todo, cuando están en casa y ladran a cualquier persona ajena que se acerca, contagiándose la una a la otra.  Eso sí, son muy cabezonas, hay que decirles catorce veces las cosas y aún así hacen lo que quieren, pero aun así son muy graciosas porque son muy conscientes cuando hacen algo mal y su reacción es ponerse panza arriba.

Tal y como sabemos, en relación a los cuidados especiales de este tipo de perros, ella ha tomado muy buena nota y nos comenta…

Como cuidados especiales ponemos especial atención en sus espaldas y, sobre todo con Lupe, la chiquitina, la hemos acostumbrado a usar escaleritas pequeñas para subir y bajar de los sitios para evitar lesiones y prestamos mucha atención a la alimentación para que no engorden.

En segundo lugar hemos hablado con Andrea que ha tenido teckels toda la vida en casa. Su padre es cazador y le encanta esta raza de perros que son grandes rastreadores.

Una vez se independizó, llegó a su vida Lolo, un teckel miniatura que era un auténtico terremoto y, a pesar de su pequeño tamaño, era capaz de de atraer todas las miradas y ganarse la simpatía de todo el que se cruzaba en su camino.

Era un perro extremadamante cariñoso y que no se separaba de mí ni un minuto, aunque hay que reconocer que a tozudo y cabezota no le ganaba nadie.

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Algunos años después llegó Janfri, el «niño de mis ojos», un teckel de pelo duro precioso que estuvo conmigo (y cuando digo conmigo era a mi lado día tras día) en cada paso que daba, lo mismos estudiando que cuando me iba a la ducha y me lo encontraba esperando en la alfombrilla del baño. Era auténtica devoción lo que sentíamos el uno por el otro.

Nunca he tenido un perro tan bueno y a la vez tan terco. No había manera de sacarle de sus trece pero, en el fondo, era algo que también me gustaba de él: era muy decicido.

Janfri sufrió de una hernia discal que le paralizó las patitas traseras y, a pesar de que hicimos todo lo posible, no era reversible con ningún tratamiento y no tenía ninguna calidad de vida.

Hasta el último día, aun con todos los dolores que tenía que estar sufriendo, nos demostró todo el cariño y amor que nos procesaba, especialmente a mí y, desde entonces, tengo que confesar que no he podido volver a tener perro. Eso sí, igual que las otras dos experiencias contadas, tampoco lo dudaría y, si se diera el caso, volvería una y otra vez a tener un teckel.

Fotos | Cedidas por los dueños
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