12 diciembre 2023 Por Pepa López 0

Cuando el turismo es demasiado turismo: Barcelona, Baleares y Canarias se ahogan con el sobreturismo y estas son las soluciones

Se calcula que solo en España, el turismo supuso 159.490 millones de euros el pasado año. Por eso se promociona y se vende tan bien, pero algunos lugares de nuestra geografía han alcanzado el nivel de sobreturismo. ¿Cuándo es demasiado turismo? Barcelona, Canarias o Baleares lo saben bien.

El término ‘sobreturismo’ viene del inglés ‘overturism‘ y hace referencia al nivel creciente de turismo alrededor del mundo. La UN World Tourism Organization lo señala como «el turismo imposible de controlar de forma responsable para que las ventajas y beneficios que genera a la sociedad sean mayores que los inconvenientes.»

Las consecuencias negativas del sobreturismo

El exceso del turismo sin medida ha llevado a que muchas ciudades estén por encima de sus capacidades, lo que se traduce en calles repletas de gente que son inaccesibles para los locales y para los turistas. Pero este es el menor de los problemas del sobreturismo, en los que el Good Tourism Institute ha profundizado.

Erosión en lugares turísticos naturales. Un ejemplo de ello es el Machupichu o Petra, en los que los visitantes caminan ignorando los caminos designados y terminan dañando flora y fauna.
Contaminación y basura. Se genera más contaminación, desperdicios y sobras que, en muchas ocasiones, la ciudad no tiene la capacidad de absorber ni reciclar en esa creciente medida. Por supuesto, en este apartado entra también la cuestión de la huella de carbono en ascenso debido al aumento de vuelos.
Escasez de agua. Otro problema que cobra cada vez más protagonismo con el cambio climático y que menciona este estudio es el del agua. En el caso de Canarias se vive muy intensamente, con muchos locales sufriendo la falta de agua o cortes en las cañerías porque no hay suficiente para abastecer el nivel de ocupación rebasado de las islas.
Gentrificación y desplazamiento de los locales. Por último, está la polémica de las casas vacacionales y el AirBnB, que inunda los barrios céntricos y desplaza a los locales al extrarradio. Un problema con solución complicada que hace aumentar el precio del alquiler, diluye la cultura local y hace que los lugares pierdan su esencia.

Los lugares de España donde el sobreturismo ya ha hecho mella

Las estadísticas no mienten. En ellas se muestra el repunte de turismo en determinadas áreas de nuestro país tras la pandemia del Covid 19. Las islas Baleares, Barcelona y las islas Canarias se están llevando un bombardeo turístico que no pueden absorber. Y los problemas ya han comenzado a emerger.

Islas Baleares

El auge de vuelos baratos y de pisos vacacionales ha acelerado la gentrificación de los núcleos urbanos, incluso de los de interior. Así lo confirma un estudio de la Universitat de les Illes Balears. También incluye en el total los pisos comprados por extranjeros, que supusieron un 34,38% en 2022 y que han disparado los precios de la vivienda. No olvidemos que el poder adquisitivo en España es un 6% menor al europeo, así que resulta imposible que los locales puedan pagar tanto como los europeos.

Este cambio en la demografía de los lugares genera sentimientos de rechazo hacia los turistas entre la población local, que ha llevado al gobierno a tomar algunas medidas para tratar de controlarlo y hacerlo más sostenible. Complicado, teniendo en cuenta que suponen unos 16 millones de personas anuales.

Las medidas abarcan desde multas de 60.000 contra el balconing hasta restricciones a la cantidad de alcohol que se puede servir en los hoteles de ‘todo incluido’. Pero la contención de estas conductas incívicas no soluciona el problema de la sobrepoblación y el desplazamiento de locales, lo que se traduce en una creciente falta de servicios y turismofobia.

Barcelona

Si en Baleares hay gentrificación, en Barcelona podemos hablar de un parque de atracciones para turistas en el centro de la ciudad. Según un estudio del Ayuntamiento, en Barcelona hay 15.881 apartamentos turísticos, de los cuales un 30% son ilegales. A ello hay que sumar todos los negocios que abren orientados al turista y la cantidad de cruceros que tienen puerto en la ciudad condal, más de 800 en 2022.

En total, el turismo representa un 12% del PIB de Barcelona y de Cataluña, pero la gallina de los huevos de oro que es la ciudad está comenzando a agotarse. Contaminación portuaria, la pérdida del comercio de proximidad y de vivienda y la precarización laboral son las consecuencias de este turismo de masas.

Por no hablar de la privatización y congestión de los espacios públicos, que en la Navidad de 2023 ha llegado a un límite extremo con carreteras repletas de turistas tratando de hacerse una foto bajo el alumbrado del Paseo de Gràcia y obligando a que policía y servicios de seguridad tomen parte para evitar atropellos y accidentes. Algo que está complicando el paso de los coches y autobuses y entrometiéndose mucho en el desarrollo de la vida normal de Barcelona.

Para compensar esta situación, el gobierno ha introducido algunas medidas como la tasa turística, el plan especial urbanístico de alojamientos turísticos (PEUAT) para luchar contra los alquileres vacacionales ilegales o la moratoria hotelera para impedir que continue el sobrecrecimiento.

Todas ellas medidas que el nuevo mandato de Jaume Collboni ha desmontado. Con el gobierno actual vuelven a permitir tanto los hogares compartidos como los proyectos de hoteles en las zonas más turísticas de la ciudad. Un paso atrás en el combate contra el sobreturismo.

Islas Canarias

Con 14,6 millones de visitantes en 2022, el turismo está considerado el único motor económico relevante de Canarias. Podría parecer que a las islas españolas les va, por tanto, bien. Sin embargo, con un 36,4% de su población en riesgo de pobreza o exclusión social y una de las tasas de paro más elevadas de España, la receta para el sobreturismo que explota a los residentes está servida.

La explicación de este fenómeno es sencilla. Con tanta pobreza y tanto turismo entrando por los aeropuertos, el modelo de negocio de la vivienda vacacional ha sufrido un boom en busca de riqueza fácil y eficaz. Esto hace que se dispare la escasez de vivienda pública y aumente el precio del alquiler.

A esto se suman algunas normativas a favor del turismo que prohíben la residencia en ciertas zonas turísticas y que obligan a muchos locales a marcharse de sus casas. A esto le añadimos la proliferación del alquiler turístico ilegal. Algo que se pretende equilibrar con una nueva ley en algunas islas, pero aún queda un largo camino.

En definitiva, una casa es inaccesible para los residentes canarios. Por eso se desplazan de los núcleos urbanos en los que se concentra el empleo. Un fenómeno que se traduce en falta de personal, en precariedad laboral y en falta de oportunidades.

Si la cuestión de la vivienda y del empleo temporal y precario que varía en función de la temporada turística es un problema enorme, en las islas Canarias se abre también la cuestión medioambiental. Al igual que las Baleares, las islas afortunadas son populares por su naturaleza salvaje, virgen y variada. Algo que el enorme flujo turístico pone en peligro, generando una dicotomía complicada de resolver.

En las islas Canarias también se vive muy de cerca el problema de la falta de recursos. Especialmente con el agua, debido a que las islas dependen de desaladoras del mar y las infraestructuras son antiguas y no aptas para el abastecimiento creciente de agua. Un ejemplo extremo lo encontramos en Fuerteventura, declarada en situación de emergencia hídrica.

Qué se está haciendo para controlar este sobreturismo

El rechazo del turismo entre la población local ha acaparado titulares en 2023, generando un sentimiento de ‘turismofobia’. Lo hemos visto en las manifestaciones de Tenerife con «queremos ecotada, vete pa tu casa» o en la polémica de Lanzarote con los turistas ingleses. También lo vimos en Mallorca con los falsos carteles de playas cerradas, en la rebelión de las toallas de Grecia. Está claro que hace falta un cambio que sea beneficioso para turistas y locales, algo por lo que algunas ciudades ya han comenzado a trabajar.

Control estatal del auge de viviendas vacacionales

Un ejemplo de ello lo encontramos en el endurecimiento de la normativa de viviendas vacacionales en Europa. Amsterdam, París, Portugal o Amsterdam son algunos ejemplos, imponiendo tasas económicas y mucha burocracia a los dueños de AirBnbs para asegurar que no haya ilegalidades.

Ecotasas y tasas turísticas

También están las tasas turísticas en lugares como Barcelona, Baleares, Italia o Francia. Se trata de un impuesto que pagan los visitantes por cada noche que pasan en este lugar y que cobran los establecimientos como hoteles o viviendas de alquiler vacacional por reclamo del gobierno autonómico. Está destinado a fomentar el turismo sostenible.

Tope en el número de turistas diarios

También hay lugares que restringen el número de turistas que entra cada día. Machupichu solo deja que entren 4,060 por día, el Acrópolis de Atenas permite 20.000 turistas diarios y Borobudur en Indonesia ha bajado hasta 1.200 personas al día. Estos son solo algunos de los ejemplos más sonados.

Otra forma de turismo es posible

Cambiar el modelo de turismo desde una visión que explota al lugar visitado y a sus habitantes a otra que regenere, engrandezca y aporte positivamente es ahora el gran reto global.

Para conseguirlo han nacido algunas agencias de viajes alternativas que abogan por el turismo sostenible, aquel en el que viajas para aportar a la comunidad. Hay paquetes vacacionales de voluntariado para restaurar enclaves naturales en peligro, como la barrera de coral o para la conservación marina.

Otra forma de practicar el turismo sostenible es escogiendo destinos menos populares y temporadas bajas. De esa forma fomentamos la economía del lugar que visitamos, podemos disfrutarlo de una forma más real y menos «turistificada» y, de paso, ahorramos dinero en el viaje que siempre será más barato así.  Y, por supuesto, no malgastes recursos, recoge tu basura y deja el lugar igual que lo encontraste (o mejor).

Podemos realizar cambios en nuestros hábitos de viajes y gestos individuales para ser más respetuosos y sostenibles. Sin embargo, esto tiene que ser acompañado de una diversificación de la actividad económica desde las instituciones, transformado el sector para adaptarlo a los retos que plantea el sobreturismo, la globalización y la crisis climática.

Fotos | DSD vía Pexels, David Švihovec, Federico Giampieri, Elton Sa, @volunteerworld_com, @medianoche.tube.

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Se calcula que solo en España, el turismo supuso 159.490 millones de euros el pasado año. Por eso se promociona y se vende tan bien, pero algunos lugares de nuestra geografía han alcanzado el nivel de sobreturismo. ¿Cuándo es demasiado turismo? Barcelona, Canarias o Baleares lo saben bien.

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Las consecuencias negativas del sobreturismo

El exceso del turismo sin medida ha llevado a que muchas ciudades estén por encima de sus capacidades, lo que se traduce en calles repletas de gente que son inaccesibles para los locales y para los turistas. Pero este es el menor de los problemas del sobreturismo, en los que el Good Tourism Institute ha profundizado.

Erosión en lugares turísticos naturales. Un ejemplo de ello es el Machupichu o Petra, en los que los visitantes caminan ignorando los caminos designados y terminan dañando flora y fauna.
Contaminación y basura. Se genera más contaminación, desperdicios y sobras que, en muchas ocasiones, la ciudad no tiene la capacidad de absorber ni reciclar en esa creciente medida. Por supuesto, en este apartado entra también la cuestión de la huella de carbono en ascenso debido al aumento de vuelos.
Escasez de agua. Otro problema que cobra cada vez más protagonismo con el cambio climático y que menciona este estudio es el del agua. En el caso de Canarias se vive muy intensamente, con muchos locales sufriendo la falta de agua o cortes en las cañerías porque no hay suficiente para abastecer el nivel de ocupación rebasado de las islas.
Gentrificación y desplazamiento de los locales. Por último, está la polémica de las casas vacacionales y el AirBnB, que inunda los barrios céntricos y desplaza a los locales al extrarradio. Un problema con solución complicada que hace aumentar el precio del alquiler, diluye la cultura local y hace que los lugares pierdan su esencia.

Los lugares de España donde el sobreturismo ya ha hecho mella

Las estadísticas no mienten. En ellas se muestra el repunte de turismo en determinadas áreas de nuestro país tras la pandemia del Covid 19. Las islas Baleares, Barcelona y las islas Canarias se están llevando un bombardeo turístico que no pueden absorber. Y los problemas ya han comenzado a emerger.

Islas Baleares

El auge de vuelos baratos y de pisos vacacionales ha acelerado la gentrificación de los núcleos urbanos, incluso de los de interior. Así lo confirma un estudio de la Universitat de les Illes Balears. También incluye en el total los pisos comprados por extranjeros, que supusieron un 34,38% en 2022 y que han disparado los precios de la vivienda. No olvidemos que el poder adquisitivo en España es un 6% menor al europeo, así que resulta imposible que los locales puedan pagar tanto como los europeos.

Este cambio en la demografía de los lugares genera sentimientos de rechazo hacia los turistas entre la población local, que ha llevado al gobierno a tomar algunas medidas para tratar de controlarlo y hacerlo más sostenible. Complicado, teniendo en cuenta que suponen unos 16 millones de personas anuales.

Las medidas abarcan desde multas de 60.000 contra el balconing hasta restricciones a la cantidad de alcohol que se puede servir en los hoteles de ‘todo incluido’. Pero la contención de estas conductas incívicas no soluciona el problema de la sobrepoblación y el desplazamiento de locales, lo que se traduce en una creciente falta de servicios y turismofobia.

Barcelona

Si en Baleares hay gentrificación, en Barcelona podemos hablar de un parque de atracciones para turistas en el centro de la ciudad. Según un estudio del Ayuntamiento, en Barcelona hay 15.881 apartamentos turísticos, de los cuales un 30% son ilegales. A ello hay que sumar todos los negocios que abren orientados al turista y la cantidad de cruceros que tienen puerto en la ciudad condal, más de 800 en 2022.

En total, el turismo representa un 12% del PIB de Barcelona y de Cataluña, pero la gallina de los huevos de oro que es la ciudad está comenzando a agotarse. Contaminación portuaria, la pérdida del comercio de proximidad y de vivienda y la precarización laboral son las consecuencias de este turismo de masas.

Por no hablar de la privatización y congestión de los espacios públicos, que en la Navidad de 2023 ha llegado a un límite extremo con carreteras repletas de turistas tratando de hacerse una foto bajo el alumbrado del Paseo de Gràcia y obligando a que policía y servicios de seguridad tomen parte para evitar atropellos y accidentes. Algo que está complicando el paso de los coches y autobuses y entrometiéndose mucho en el desarrollo de la vida normal de Barcelona.

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Para compensar esta situación, el gobierno ha introducido algunas medidas como la tasa turística, el plan especial urbanístico de alojamientos turísticos (PEUAT) para luchar contra los alquileres vacacionales ilegales o la moratoria hotelera para impedir que continue el sobrecrecimiento.

Todas ellas medidas que el nuevo mandato de Jaume Collboni ha desmontado. Con el gobierno actual vuelven a permitir tanto los hogares compartidos como los proyectos de hoteles en las zonas más turísticas de la ciudad. Un paso atrás en el combate contra el sobreturismo.

Islas Canarias

Con 14,6 millones de visitantes en 2022, el turismo está considerado el único motor económico relevante de Canarias. Podría parecer que a las islas españolas les va, por tanto, bien. Sin embargo, con un 36,4% de su población en riesgo de pobreza o exclusión social y una de las tasas de paro más elevadas de España, la receta para el sobreturismo que explota a los residentes está servida.

La explicación de este fenómeno es sencilla. Con tanta pobreza y tanto turismo entrando por los aeropuertos, el modelo de negocio de la vivienda vacacional ha sufrido un boom en busca de riqueza fácil y eficaz. Esto hace que se dispare la escasez de vivienda pública y aumente el precio del alquiler.

A esto se suman algunas normativas a favor del turismo que prohíben la residencia en ciertas zonas turísticas y que obligan a muchos locales a marcharse de sus casas. A esto le añadimos la proliferación del alquiler turístico ilegal. Algo que se pretende equilibrar con una nueva ley en algunas islas, pero aún queda un largo camino.

En definitiva, una casa es inaccesible para los residentes canarios. Por eso se desplazan de los núcleos urbanos en los que se concentra el empleo. Un fenómeno que se traduce en falta de personal, en precariedad laboral y en falta de oportunidades.

Si la cuestión de la vivienda y del empleo temporal y precario que varía en función de la temporada turística es un problema enorme, en las islas Canarias se abre también la cuestión medioambiental. Al igual que las Baleares, las islas afortunadas son populares por su naturaleza salvaje, virgen y variada. Algo que el enorme flujo turístico pone en peligro, generando una dicotomía complicada de resolver.

En las islas Canarias también se vive muy de cerca el problema de la falta de recursos. Especialmente con el agua, debido a que las islas dependen de desaladoras del mar y las infraestructuras son antiguas y no aptas para el abastecimiento creciente de agua. Un ejemplo extremo lo encontramos en Fuerteventura, declarada en situación de emergencia hídrica.

Qué se está haciendo para controlar este sobreturismo

El rechazo del turismo entre la población local ha acaparado titulares en 2023, generando un sentimiento de ‘turismofobia’. Lo hemos visto en las manifestaciones de Tenerife con «queremos ecotada, vete pa tu casa» o en la polémica de Lanzarote con los turistas ingleses. También lo vimos en Mallorca con los falsos carteles de playas cerradas, en la rebelión de las toallas de Grecia. Está claro que hace falta un cambio que sea beneficioso para turistas y locales, algo por lo que algunas ciudades ya han comenzado a trabajar.

Control estatal del auge de viviendas vacacionales

Un ejemplo de ello lo encontramos en el endurecimiento de la normativa de viviendas vacacionales en Europa. Amsterdam, París, Portugal o Amsterdam son algunos ejemplos, imponiendo tasas económicas y mucha burocracia a los dueños de AirBnbs para asegurar que no haya ilegalidades.

Ecotasas y tasas turísticas

También están las tasas turísticas en lugares como Barcelona, Baleares, Italia o Francia. Se trata de un impuesto que pagan los visitantes por cada noche que pasan en este lugar y que cobran los establecimientos como hoteles o viviendas de alquiler vacacional por reclamo del gobierno autonómico. Está destinado a fomentar el turismo sostenible.

Tope en el número de turistas diarios

También hay lugares que restringen el número de turistas que entra cada día. Machupichu solo deja que entren 4,060 por día, el Acrópolis de Atenas permite 20.000 turistas diarios y Borobudur en Indonesia ha bajado hasta 1.200 personas al día. Estos son solo algunos de los ejemplos más sonados.

Otra forma de turismo es posible

Cambiar el modelo de turismo desde una visión que explota al lugar visitado y a sus habitantes a otra que regenere, engrandezca y aporte positivamente es ahora el gran reto global.

Para conseguirlo han nacido algunas agencias de viajes alternativas que abogan por el turismo sostenible, aquel en el que viajas para aportar a la comunidad. Hay paquetes vacacionales de voluntariado para restaurar enclaves naturales en peligro, como la barrera de coral o para la conservación marina.

Otra forma de practicar el turismo sostenible es escogiendo destinos menos populares y temporadas bajas. De esa forma fomentamos la economía del lugar que visitamos, podemos disfrutarlo de una forma más real y menos «turistificada» y, de paso, ahorramos dinero en el viaje que siempre será más barato así.  Y, por supuesto, no malgastes recursos, recoge tu basura y deja el lugar igual que lo encontraste (o mejor).

Podemos realizar cambios en nuestros hábitos de viajes y gestos individuales para ser más respetuosos y sostenibles. Sin embargo, esto tiene que ser acompañado de una diversificación de la actividad económica desde las instituciones, transformado el sector para adaptarlo a los retos que plantea el sobreturismo, la globalización y la crisis climática.

Fotos | DSD vía Pexels, David Švihovec, Federico Giampieri, Elton Sa, @volunteerworld_com, @medianoche.tube.

En Trendencias | Las 31 escapadas románticas por España para hacer en pareja en las que quizá no habías pensado.

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Cuando el turismo es demasiado turismo: Barcelona, Baleares y Canarias se ahogan con el sobreturismo y estas son las soluciones

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