3 enero 2024 Por Anabel Palomares 0

De por qué se blanquea la precariedad con términos como el coliving y cohousing que nos venden como “moda”

“El coliving gana adeptos en España y no deja de crecer”. Este era el titular de La razón el pasado 6 de noviembre. Para quien no lo sepa, el coliving es la “tendencia” de compartir. Y he puesto tendencia entre comillas aposta porque de tendencia no tiene nada, aunque muchos medios lo blanqueen así.

El coliving es a lo que nos aboca la actual situación socioeconómica del país, y no es el único término que nos meten con calzador para convencernos de una moda que no es moda, es precariedad laboral.

Qué es el coliving

El coliving es un nuevo modelo residencial de edificios con alquileres flexibles y servicios comunes que nacía en Silicon Valley y pronto se extendía por todo el mundo. Entra dentro del flex living (un subsector residencial de habitaciones temporales), que facturó 433 millones de euros en 2022. Comparte muchas similitudes con el coworking, pero no es lo mismo que el cohousing o covivienda, ya que en el caso del coliving, funcionaría más como un hotel con zonas comunes y habitaciones independientes para cada huésped.

Según datos de la consultora CBRE España, representó el 31% de las inversiones realizadas en el sector del Flex Living en el primer semestre de 2023 y el número de camas se ha cuadruplicado en los últimos tres años. Y aunque las empresas que lo ponen en marcha lo venden como “vivir juntos es mejor” lo cierto es que no. Es el fruto de la imposibilidad de acceder a una vivienda.

La precariedad laboral disfrazada de tendencia en auge

Según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, las personas jóvenes se emancipan a los 30,3 años de media en España, la cifra más alta de los últimos veinte años. Y muchos de los que se van, tienen que volver a casa de sus padres por no poder asumir el alquiler o la hipoteca, como decía este artículo de El País. Otros se resignan a compartir piso, porque según el estudio Radiografía del mercado de la vivienda en 2023 de Fotocasa, la mitad de los españoles no tiene previsto comprar una vivienda ni a medio ni a largo plazo. Solo el 38% de los jóvenes entre 25 y los 34 años tiene intención de comprar de aquí a cinco años, y no solos, obviamente.

No me sorprende, porque somos pobres como ratas y por eso el coliving y compartir piso está de “moda” entre los millennials y la generación Z. Pero hay mucho más detrás, y voy a contarte con datos por qué eso de tener piso propio o vivir solo es una utopía para muchos de nosotros:

La escalada de los precios de compra de viviendas, que según el Índice de Precios de la Vivienda del INE marca una subida del 11% anual para la vivienda nueva, lo que será la tasa anual más alta en los 16 últimos años. De hecho el metro cuadrado en España cuesta de media 2.042 euros según el último índice de precios de idealista.
El precio de los alquileres, que según Idealista ni la Ley de la Vivienda está consiguiendo frenar, situaba a 21 capitales en sus máximos históricos en octubre. Al finalizar el año, Madrid registraba una subida en el precio de la vivienda en alquiler del 13,6% y Barcelona crecía un 12,4%.
Las hipotecas. Aunque según El Diario, el euríbor cae medio punto hasta el 3,75% y anticipa un recorte de los tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE), el Banco de España expuso que unos 750.000 hogares con hipotecas están ya asfixiados porque dedican más de un 30% de sus ingresos mensuales a la cuota del préstamo, lo que supone el límite teórico sobre el que se considera “una carga financiera neta elevada”. Eso sí, a pesar de la disminución del importe medio de los préstamos, del desplome de la demanda y de las cancelaciones, los bancos han conseguido disparar sus beneficios debido al encarecimiento de los intereses.
La imposibilidad de ahorrar. Un 48,5% de los españoles entre 18 y 35 años considera que su capacidad de ahorro a largo plazo es mala o muy mala, según el informe “La juventud mediterránea frente a los desafíos de la crisis permanente”. Y al parecer, esta es una de las principales razones por las que no nos emancipamos. Sorpresa, sin dinero no podemos irnos de casa.
Los bajos salarios. Resulta complicado ahorrar cuando la cesta de la compra sube (y todos los gastos para sobrevivir como luz, calefacción o agua) y casi la mitad de los jóvenes españoles menores de 25 años cobran salarios inferiores a 1.252,7 euros brutos al mes según datos de la encuesta de población activa (EPA) del INE.

Nada de esto es moda, es precariedad laboral aunque lo pinten de lo contrario con titulares como este de El Mundo que asegura que “Los jóvenes se resisten a ser propietarios de una vivienda”. No nos resistimos, señores, es que no podemos ser propietarios.

@monicagarciag_

¿Por que la juventud «se resiste» a comprar una vivienda? ¿Qué habrá podido pasar? #vivienda #juventud #piso #alquiler #madrid #comprarcasa #jovenes

♬ sonido original – Mónica García

Pero, eh, que no es lo único a lo que nos “resistimos” al parecer. El País se pregunta en este artículo “¿Por qué los jóvenes están cada vez menos interesados en tener coche propio?”. Te lo digo yo: porque no tenemos dinero. Tampoco “queremos familia”, porque preferimos “trabajar y viajar” según el XII Barómetro de las Familias publicado por la fundación The Family Watch. Lo que no nos cuenta nadie es que las parejas DINK a veces son DINK porque la precariedad laboral les impide cualquier otra cosa.

Aunque donde más se nota sin duda es en el acceso a la vivienda, y por eso terminamos compartiendo piso porque o bien heredamos una casa o nos ayudan nuestros padres a comprar una vivienda o usamos dos sueldos para comprarla (teniendo pareja) porque en muchos otros casos (la mayoría) compartiremos piso porque no existe otra posibilidad ni alejándonos de las grandes urbes.

Como bien dice Pepa López “las palabras modernas para disfrazar precariedad” como el coliving o el cohousing es un discurso que aman los boomers y blanquea una situación absolutamente desastrosa pintándola como una tendencia y una experiencia vital única.

Iria Reguera añade que “muchos piensan que lo hacemos porque en realidad nos gusta y porque seguimos siendo unos inmaduros”, pero ni nos gusta, ni tenemos otra opción porque añade que “vivir solo en una ciudad relativamente grande de alquiler, ahora mismo, es impracticable en casi toda España, y en un pueblo casi también”. De hecho tal y como nos contaban los compañeros de Xataka, el precio del alquiler ya supone la mitad del salario mínimo en cualquier sitio de España.

La verdad detrás de compartir piso

“Compartir piso tiene unas implicaciones en tu día a día que van más allá de lo obvio como que vives con personas con las que no compartes tu rutina y que su rutina interfiere en la tuya y tú en las suyas. Además de que tu privacidad y espacio se sienten invadidos constantemente”, afirma nuestra compañera María Yuste que desde que salió de Murcia ha compartido piso. Lo hace porque no existe alternativa para ella. “A los 35 años me hace sentir bastante fracasada, sobre todo porque no veo ningún final. Tanto mi salario como el precio de los pisos juegan en mi contra y la situación empeora cada año. La situación me agobia mucho y afecta a mi salud mental.”

Tal y como nos explica Yuste, “las únicas alternativas en mi situación socioeconómica son volver a vivir con mi madre o echarme pareja e irme a vivir con ella, algo que tampoco me entusiasma porque vivir con una pareja por no poder vivir solo se parece mucho a compartir piso”, y yo añado que además es el summum del romanticismo como el cohabitading que se inventaron los zetas y que hace referencia justo a esa práctica.

Dani Valero lo decía alto y claro en su cuenta de Instagram: “la precariedad ni es trendy ni es elegida”. Y no podemos estar más de acuerdo con el youtuber.

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De por qué se blanquea la precariedad con términos como el coliving y cohousing que nos venden como “moda”

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Anabel Palomares

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“El coliving gana adeptos en España y no deja de crecer”. Este era el titular de La razón el pasado 6 de noviembre. Para quien no lo sepa, el coliving es la “tendencia” de compartir. Y he puesto tendencia entre comillas aposta porque de tendencia no tiene nada, aunque muchos medios lo blanqueen así.

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Según datos de la consultora CBRE España, representó el 31% de las inversiones realizadas en el sector del Flex Living en el primer semestre de 2023 y el número de camas se ha cuadruplicado en los últimos tres años. Y aunque las empresas que lo ponen en marcha lo venden como “vivir juntos es mejor” lo cierto es que no. Es el fruto de la imposibilidad de acceder a una vivienda.

La precariedad laboral disfrazada de tendencia en auge

Según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, las personas jóvenes se emancipan a los 30,3 años de media en España, la cifra más alta de los últimos veinte años. Y muchos de los que se van, tienen que volver a casa de sus padres por no poder asumir el alquiler o la hipoteca, como decía este artículo de El País. Otros se resignan a compartir piso, porque según el estudio Radiografía del mercado de la vivienda en 2023 de Fotocasa, la mitad de los españoles no tiene previsto comprar una vivienda ni a medio ni a largo plazo. Solo el 38% de los jóvenes entre 25 y los 34 años tiene intención de comprar de aquí a cinco años, y no solos, obviamente.

No me sorprende, porque somos pobres como ratas y por eso el coliving y compartir piso está de “moda” entre los millennials y la generación Z. Pero hay mucho más detrás, y voy a contarte con datos por qué eso de tener piso propio o vivir solo es una utopía para muchos de nosotros:

La escalada de los precios de compra de viviendas, que según el Índice de Precios de la Vivienda del INE marca una subida del 11% anual para la vivienda nueva, lo que será la tasa anual más alta en los 16 últimos años. De hecho el metro cuadrado en España cuesta de media 2.042 euros según el último índice de precios de idealista.
El precio de los alquileres, que según Idealista ni la Ley de la Vivienda está consiguiendo frenar, situaba a 21 capitales en sus máximos históricos en octubre. Al finalizar el año, Madrid registraba una subida en el precio de la vivienda en alquiler del 13,6% y Barcelona crecía un 12,4%.
Las hipotecas. Aunque según El Diario, el euríbor cae medio punto hasta el 3,75% y anticipa un recorte de los tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE), el Banco de España expuso que unos 750.000 hogares con hipotecas están ya asfixiados porque dedican más de un 30% de sus ingresos mensuales a la cuota del préstamo, lo que supone el límite teórico sobre el que se considera “una carga financiera neta elevada”. Eso sí, a pesar de la disminución del importe medio de los préstamos, del desplome de la demanda y de las cancelaciones, los bancos han conseguido disparar sus beneficios debido al encarecimiento de los intereses.
La imposibilidad de ahorrar. Un 48,5% de los españoles entre 18 y 35 años considera que su capacidad de ahorro a largo plazo es mala o muy mala, según el informe “La juventud mediterránea frente a los desafíos de la crisis permanente”. Y al parecer, esta es una de las principales razones por las que no nos emancipamos. Sorpresa, sin dinero no podemos irnos de casa.
Los bajos salarios. Resulta complicado ahorrar cuando la cesta de la compra sube (y todos los gastos para sobrevivir como luz, calefacción o agua) y casi la mitad de los jóvenes españoles menores de 25 años cobran salarios inferiores a 1.252,7 euros brutos al mes según datos de la encuesta de población activa (EPA) del INE.

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Aunque donde más se nota sin duda es en el acceso a la vivienda, y por eso terminamos compartiendo piso porque o bien heredamos una casa o nos ayudan nuestros padres a comprar una vivienda o usamos dos sueldos para comprarla (teniendo pareja) porque en muchos otros casos (la mayoría) compartiremos piso porque no existe otra posibilidad ni alejándonos de las grandes urbes.

Como bien dice Pepa López “las palabras modernas para disfrazar precariedad” como el coliving o el cohousing es un discurso que aman los boomers y blanquea una situación absolutamente desastrosa pintándola como una tendencia y una experiencia vital única.

Iria Reguera añade que “muchos piensan que lo hacemos porque en realidad nos gusta y porque seguimos siendo unos inmaduros”, pero ni nos gusta, ni tenemos otra opción porque añade que “vivir solo en una ciudad relativamente grande de alquiler, ahora mismo, es impracticable en casi toda España, y en un pueblo casi también”. De hecho tal y como nos contaban los compañeros de Xataka, el precio del alquiler ya supone la mitad del salario mínimo en cualquier sitio de España.

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Tal y como nos explica Yuste, “las únicas alternativas en mi situación socioeconómica son volver a vivir con mi madre o echarme pareja e irme a vivir con ella, algo que tampoco me entusiasma porque vivir con una pareja por no poder vivir solo se parece mucho a compartir piso”, y yo añado que además es el summum del romanticismo como el cohabitading que se inventaron los zetas y que hace referencia justo a esa práctica.

Dani Valero lo decía alto y claro en su cuenta de Instagram: “la precariedad ni es trendy ni es elegida”. Y no podemos estar más de acuerdo con el youtuber.

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De por qué se blanquea la precariedad con términos como el coliving y cohousing que nos venden como “moda”

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