3 enero 2024 Por Anabel Palomares 0

El lado oscuro de las emociones o cómo podríamos convertirnos en peones sociales para una persona emocionalmente inteligente

Edward Thorndike introdujo el concepto de “inteligencia social” en 1920. Howard Gardner se basó en esta teoría en su libro de 1983 «Estructuras de la mente: La teoría de las inteligencias múltiples«, introduciendo en su teoría de las inteligencias múltiples el concepto de inteligencia interpersonal e intrapersonal.

Pero el término “inteligencia emocional” (EQ) ganó popularidad en 1995, en el libro «La inteligencia emocional«, escrito por el periodista científico Daniel Goleman. Él la definía como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.

Parece maravilloso y lo es. Como apunta el experto, es una capacidad que puede aprenderse y que utilizada correctamente resulta muy beneficiosa tanto para ti como para quien te rodea. Tanto que es una de las habilidades más demandas por las empresas según LinkedIN porque se vincula con una mejor comunicación, desempeño y liderazgo. Y aunque la inteligencia emocional se vea como una especie de superpoder, las malas personas también pueden explotarlo.

Lo que nunca nos cuentan sobre inteligencia emocional

Pero como pasaba con Spiderman, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, y tener inteligencia emocional que se relaciona por ejemplo con la responsabilidad afectiva, no implica que seamos buenas personas, porque muchas usan este “poder” para manipular a los demás en su propio beneficio.

Por ejemplo, según explicaba a la CNBC Matt Abrahams, profesor de comportamiento organizacional de la Universidad de Stanford y autor de «Think Faster, Talk Smarter: How to Speak Successfully When You’re Put on the Spot«, las personas con alta inteligencia emocional suelen ser mejores a la hora de ser persuasivos con los demás. Si atendemos a la definición de persuasión, podemos ver que es una habilidad que consigue con palabras y actitudes que otra persona actúe como deseamos. Y si la intención de esa persuasión no es honesta, estamos ante una manipulación.

De hecho, tal y como explica Alejandro García Alamán, psicólogo y psicoterapeuta humanista, una manipulación implica una intención deliberada, lo que en terminología de Análisis Transaccional serían juegos psicológicos. Las personas con inteligencia emocional aprenden a través de interacciones con los demás y esto les hace cada vez más receptivos a las emociones de otras personas que pueden usar o no en su beneficio. Es más, son buenos para regular sus propias emociones lo que implica que también pueden desarrollar capacidad para controlarlas y ocultarlas.

Lo que hacen con esa inteligencia emocional desarrollada es mover los hilos correctos para “guiar” a otra persona en una dirección que beneficiosa para ellos convirtiéndolos en peones sociales. Saben cómo reacciona la otra persona y regulan sus propias emociones para provocar en ellas la reacción que buscan.

En psicología se habla de rasgos maquiavélicos que se manifiestan a través del engaño y manipulación de los demás. El psicólogo Arturo Torres explicaba en Psicología y Mente que una persona con rasgos maquiavélicos tiende a la cosificación de las personas (como los misóginos, por ejemplo), tienen facilidad para detectar debilidades ajenas y un gran control de los impulsos.

Cómo identificar la manipulación emocional y evitarla

En mi experiencia personal te diré que identificar a este tipo de manipuladores no es nada sencillo. Pero vamos a darte algunas claves para identificarlos, porque tienen en común varios rasgos.

Aunque un manipulador emocional puede mostrarse encantador al principio, gracias a que conoce a la perfección las reglas del juego social, suelen ser personas egocéntricas que dan prioridad a sus necesidades, no son empáticas, tienen rasgos maquiavélicos, no tienen remordimientos y cuentan con una gran habilidad para detectar las debilidades de los demás y sacar partido de ellas, como decíamos antes.

En general, presta más atención a los actos que a las palabras. Por ejemplo, alguien que te hace love bombing al principio de la relación, es más que probable que sea un manipulador emocional. Esas incoherencias entre sus palabras y sus actos es tremendamente útil para identificarlos. Y si tienes dudas, pregunta. Un manipulador juega con la ambigüedad así si escuchas algo que no te cuadra, ponle delante de un espejo. Es decir, intenta que vea lo que está haciendo con preguntas como “¿Crees que lo que me pides es justo?”.

La psicóloga Patricia Rosillo nos explica cuáles son los pasos a seguir para evitar la manipulación, y comienza por conocer nuestros derechos fundamentales como persona que representan límites que los demás no deben traspasar y que no debes sentirte mal por defender:

Derecho a ser tratado con respeto.
Derecho a expresar tus sentimientos, opiniones y deseos, aunque difieran de los de los demás.
Derecho a establecer tus prioridades.
Derecho a decir “no” sin sentirte culpable.
Derecho a protegerte de las amenazas físicas, mentales y emocionales.
Derecho a planificar una vida feliz y saludable.

Di “no” con firmeza. Es mejor que a una persona que nos manipula le digamos que no sin dar explicaciones, porque de lo contrario podría ver una debilidad en nosotros y seguir insistiendo hasta que caigamos. Un “lo siento, pero no lo haré”, debería ser suficiente. La experta señala además que si trata de pedirte explicaciones lo mejor es usar técnicas como la del disco rayado de la que ya te hablamos aquí.

Evita autoinculparte. El manipulador emocional tratará de que te sientas culpable. Para evitarlo, la experta nos anima a preguntarnos si nos tratan con verdadero respeto, si  la demanda es razonable, si están en coherencia con tus valores o si te sientes cómoda con ella.

Usa el tiempo a tu favor. Es común que alguien que nos manipula nos presione para que respondamos inmediatamente y no tengamos tiempo de reacción para pensar, pero es tu derecho el tomarte el tiempo que necesites para pensar en la demanda de cualquier persona, sea quien sea. Con un “Lo pensaré” ganarás ese tiempo y perspectiva, y el manipulador emocional verá que no estás dispuesta a que te presionen.

Establece una distancia psicológica. La experta nos cuenta que si crees que el manipulador no va a respetar tus derechos establezcas una relación cortés pero con límites, por ejemplo si hablamos de un compañero de trabajo. Si se trata de una relación más cercana, como una relación de pareja, tal vez sea el momento de replantearte salir de ahí, y si pedir ayuda psicológica si lo necesitas.

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El lado oscuro de las emociones o cómo podríamos convertirnos en peones sociales para una persona emocionalmente inteligente

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Anabel Palomares

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Edward Thorndike introdujo el concepto de “inteligencia social” en 1920. Howard Gardner se basó en esta teoría en su libro de 1983 «Estructuras de la mente: La teoría de las inteligencias múltiples», introduciendo en su teoría de las inteligencias múltiples el concepto de inteligencia interpersonal e intrapersonal.

Pero el término “inteligencia emocional” (EQ) ganó popularidad en 1995, en el libro «La inteligencia emocional», escrito por el periodista científico Daniel Goleman. Él la definía como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.

Parece maravilloso y lo es. Como apunta el experto, es una capacidad que puede aprenderse y que utilizada correctamente resulta muy beneficiosa tanto para ti como para quien te rodea. Tanto que es una de las habilidades más demandas por las empresas según LinkedIN porque se vincula con una mejor comunicación, desempeño y liderazgo. Y aunque la inteligencia emocional se vea como una especie de superpoder, las malas personas también pueden explotarlo.

Lo que nunca nos cuentan sobre inteligencia emocional

Pero como pasaba con Spiderman, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, y tener inteligencia emocional que se relaciona por ejemplo con la responsabilidad afectiva, no implica que seamos buenas personas, porque muchas usan este “poder” para manipular a los demás en su propio beneficio.

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Por ejemplo, según explicaba a la CNBC Matt Abrahams, profesor de comportamiento organizacional de la Universidad de Stanford y autor de «Think Faster, Talk Smarter: How to Speak Successfully When You’re Put on the Spot», las personas con alta inteligencia emocional suelen ser mejores a la hora de ser persuasivos con los demás. Si atendemos a la definición de persuasión, podemos ver que es una habilidad que consigue con palabras y actitudes que otra persona actúe como deseamos. Y si la intención de esa persuasión no es honesta, estamos ante una manipulación.

De hecho, tal y como explica Alejandro García Alamán, psicólogo y psicoterapeuta humanista, una manipulación implica una intención deliberada, lo que en terminología de Análisis Transaccional serían juegos psicológicos. Las personas con inteligencia emocional aprenden a través de interacciones con los demás y esto les hace cada vez más receptivos a las emociones de otras personas que pueden usar o no en su beneficio. Es más, son buenos para regular sus propias emociones lo que implica que también pueden desarrollar capacidad para controlarlas y ocultarlas.

Lo que hacen con esa inteligencia emocional desarrollada es mover los hilos correctos para “guiar” a otra persona en una dirección que beneficiosa para ellos convirtiéndolos en peones sociales. Saben cómo reacciona la otra persona y regulan sus propias emociones para provocar en ellas la reacción que buscan.

En psicología se habla de rasgos maquiavélicos que se manifiestan a través del engaño y manipulación de los demás. El psicólogo Arturo Torres explicaba en Psicología y Mente que una persona con rasgos maquiavélicos tiende a la cosificación de las personas (como los misóginos, por ejemplo), tienen facilidad para detectar debilidades ajenas y un gran control de los impulsos.

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En mi experiencia personal te diré que identificar a este tipo de manipuladores no es nada sencillo. Pero vamos a darte algunas claves para identificarlos, porque tienen en común varios rasgos.

Aunque un manipulador emocional puede mostrarse encantador al principio, gracias a que conoce a la perfección las reglas del juego social, suelen ser personas egocéntricas que dan prioridad a sus necesidades, no son empáticas, tienen rasgos maquiavélicos, no tienen remordimientos y cuentan con una gran habilidad para detectar las debilidades de los demás y sacar partido de ellas, como decíamos antes.

En general, presta más atención a los actos que a las palabras. Por ejemplo, alguien que te hace love bombing al principio de la relación, es más que probable que sea un manipulador emocional. Esas incoherencias entre sus palabras y sus actos es tremendamente útil para identificarlos. Y si tienes dudas, pregunta. Un manipulador juega con la ambigüedad así si escuchas algo que no te cuadra, ponle delante de un espejo. Es decir, intenta que vea lo que está haciendo con preguntas como “¿Crees que lo que me pides es justo?”.

La psicóloga Patricia Rosillo nos explica cuáles son los pasos a seguir para evitar la manipulación, y comienza por conocer nuestros derechos fundamentales como persona que representan límites que los demás no deben traspasar y que no debes sentirte mal por defender:

Derecho a ser tratado con respeto.
Derecho a expresar tus sentimientos, opiniones y deseos, aunque difieran de los de los demás.
Derecho a establecer tus prioridades.
Derecho a decir “no” sin sentirte culpable.
Derecho a protegerte de las amenazas físicas, mentales y emocionales.
Derecho a planificar una vida feliz y saludable.

Di “no” con firmeza. Es mejor que a una persona que nos manipula le digamos que no sin dar explicaciones, porque de lo contrario podría ver una debilidad en nosotros y seguir insistiendo hasta que caigamos. Un “lo siento, pero no lo haré”, debería ser suficiente. La experta señala además que si trata de pedirte explicaciones lo mejor es usar técnicas como la del disco rayado de la que ya te hablamos aquí.

Evita autoinculparte. El manipulador emocional tratará de que te sientas culpable. Para evitarlo, la experta nos anima a preguntarnos si nos tratan con verdadero respeto, si  la demanda es razonable, si están en coherencia con tus valores o si te sientes cómoda con ella.

Usa el tiempo a tu favor. Es común que alguien que nos manipula nos presione para que respondamos inmediatamente y no tengamos tiempo de reacción para pensar, pero es tu derecho el tomarte el tiempo que necesites para pensar en la demanda de cualquier persona, sea quien sea. Con un “Lo pensaré” ganarás ese tiempo y perspectiva, y el manipulador emocional verá que no estás dispuesta a que te presionen.

Establece una distancia psicológica. La experta nos cuenta que si crees que el manipulador no va a respetar tus derechos establezcas una relación cortés pero con límites, por ejemplo si hablamos de un compañero de trabajo. Si se trata de una relación más cercana, como una relación de pareja, tal vez sea el momento de replantearte salir de ahí, y si pedir ayuda psicológica si lo necesitas.

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