24 abril 2024 Por Cristina Sobrino 0

La impresionante miniserie de Netflix que es lo más visto en 55 países tiene una escalofriante historia real tras de sí

Hace apenas unos días te hablábamos de esta serie, Baby Reindeer, que ha conquistado a medio mundo, un lobo con piel de cordero. Una producción con apariencia de comedia: desde su nombre, hasta el póster promocional, pasando por los tres primeros capítulos, cuando el giro de volante es tan inesperado que es difícil sobrevivir incluso con cinturón de seguridad. Porque no, nada te prepara para recibir toda la información sobre la vida de Donny Dunn, el personaje interpretado por Richard Gadd. Sobre todo porque el alter ego del intérprete afronta y expone lo mismo que vivió este: una historia de abusos sexuales y más tarde otra de acoso.

Baby Reindeer es una catarsis

Si acudes a terapia no tiene nada de extraño que tu psicólogo o psicóloga te animen a escribir sobre algo en concreto como forma de liberación y de plasmar la realidad de lo que estás sintiendo para asumir lo que ha sucedido y poder trabajar sobre ello. Esto en Baby Reindeer, o Mi reno de peluche, se eleva a la enésima potencia, ya que Richard Gadd se abre en cuerpo y alma para contar su historia.

Abusos sexuales y poder

Es duro reflexionar sobre las dosis de realidad que contienen los clichés. ¿En qué porcentaje debemos aferrarnos a ellos? Sobre todo porque casi siempre llevan asociadas una serie de connotaciones negativas. En el caso de lo que sufrió Richard Gadd, podemos atenernos a eso de que el poder corrompe, ya que tuvo que soportar los abusos sexuales de un hombre poderoso en el ámbito de la comedia británica que, por supuesto, le prometió una carrera de órdago si se sometía a sus peticiones. Y no, salir de eso no es fácil.

Es en el capítulo cuatro en el que esta trama revienta, destrozando todo lo que se ha ido construyendo en los episodios anteriores y pillando al espectador desprevenido, haciendo quizás un símil con cómo este tipo de sucesos acontecen en la vida, ya que sobre todo si eres hombre suele estar bastante claro que esas cosas no te van a pasar a ti, ¿verdad? No tienes que ir normalmente con las llaves del coche entre los dedos cuando vuelves de noche a casa.

Y después el acoso

Por si no fuera poco, Baby Reindeer también narra el acoso al que sometió una mujer 20 años mayor que él a Richard Gadd. Su primer encuentro tuvo lugar cuando él estaba trabajando como camarero y le ofreció un té a ella, Martha en la serie, al acercarse esta a la barra.

Después de eso, se sucedieron cuatro años en los que el cómico e intérprete recibió 41.071 correos, 350 horas de mensajes de voz, 744 tuits, 46 mensajes en Facebook, 106 páginas de cartas y regalos de lo más variopintos: desde un reno de juguete, el apodo que Martha, nombre ficticio, le puso y que da nombre a la serie, hasta calzoncillos. Los esperaba fuera de su casa, en las inmediaciones de su trabajo y a la salida de sus monólogos de comedia.

A pesar del miedo por la exposición brutal sobre su historia de vida, Richard Gadd ha volcado su dolor en el arte para resurgir cual ave fénix. O para resurgir a secas con algunos chamuscones.

Gracias a su proyecto, el cual fichó Netflix tras verlo en la vida real, porque sí, la primera vez que el cómico decidió hablar de todo esto fue en uno de sus monólogos, en el show Monkey See Monkey Do, Gadd no solo ha sentido el alivio para sí mismo, sino que lo considera la mejor denuncia sobre muchos aspectos: tanto su propia historia como todos esos casos que se quedan en el aire por miedo a denunciar, como confesó a The Guardian.

Fotos | Netflix

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La impresionante miniserie de Netflix que es lo más visto en 55 países tiene una escalofriante historia real tras de sí

fue publicada originalmente en

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por
Cristina Sobrino

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Hace apenas unos días te hablábamos de esta serie, Baby Reindeer, que ha conquistado a medio mundo, un lobo con piel de cordero. Una producción con apariencia de comedia: desde su nombre, hasta el póster promocional, pasando por los tres primeros capítulos, cuando el giro de volante es tan inesperado que es difícil sobrevivir incluso con cinturón de seguridad. Porque no, nada te prepara para recibir toda la información sobre la vida de Donny Dunn, el personaje interpretado por Richard Gadd. Sobre todo porque el alter ego del intérprete afronta y expone lo mismo que vivió este: una historia de abusos sexuales y más tarde otra de acoso.

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Abusos sexuales y poder

Es duro reflexionar sobre las dosis de realidad que contienen los clichés. ¿En qué porcentaje debemos aferrarnos a ellos? Sobre todo porque casi siempre llevan asociadas una serie de connotaciones negativas. En el caso de lo que sufrió Richard Gadd, podemos atenernos a eso de que el poder corrompe, ya que tuvo que soportar los abusos sexuales de un hombre poderoso en el ámbito de la comedia británica que, por supuesto, le prometió una carrera de órdago si se sometía a sus peticiones. Y no, salir de eso no es fácil.

Es en el capítulo cuatro en el que esta trama revienta, destrozando todo lo que se ha ido construyendo en los episodios anteriores y pillando al espectador desprevenido, haciendo quizás un símil con cómo este tipo de sucesos acontecen en la vida, ya que sobre todo si eres hombre suele estar bastante claro que esas cosas no te van a pasar a ti, ¿verdad? No tienes que ir normalmente con las llaves del coche entre los dedos cuando vuelves de noche a casa.

Y después el acoso

Por si no fuera poco, Baby Reindeer también narra el acoso al que sometió una mujer 20 años mayor que él a Richard Gadd. Su primer encuentro tuvo lugar cuando él estaba trabajando como camarero y le ofreció un té a ella, Martha en la serie, al acercarse esta a la barra.

Después de eso, se sucedieron cuatro años en los que el cómico e intérprete recibió 41.071 correos, 350 horas de mensajes de voz, 744 tuits, 46 mensajes en Facebook, 106 páginas de cartas y regalos de lo más variopintos: desde un reno de juguete, el apodo que Martha, nombre ficticio, le puso y que da nombre a la serie, hasta calzoncillos. Los esperaba fuera de su casa, en las inmediaciones de su trabajo y a la salida de sus monólogos de comedia.

A pesar del miedo por la exposición brutal sobre su historia de vida, Richard Gadd ha volcado su dolor en el arte para resurgir cual ave fénix. O para resurgir a secas con algunos chamuscones.

Gracias a su proyecto, el cual fichó Netflix tras verlo en la vida real, porque sí, la primera vez que el cómico decidió hablar de todo esto fue en uno de sus monólogos, en el show Monkey See Monkey Do, Gadd no solo ha sentido el alivio para sí mismo, sino que lo considera la mejor denuncia sobre muchos aspectos: tanto su propia historia como todos esos casos que se quedan en el aire por miedo a denunciar, como confesó a The Guardian.

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