26 febrero 2024 Por Joel Calata 0

La pinza birmana y otras prácticas sexuales poco convencionales (pero placenteras) para salir de la rutina en la cama

Muchos podrían llegar a considerar el uso de juguetes sexuales dentro de una relación algo fuera de lo común, sin embargo, es más que normal que las parejas adopten lo que ahora llamamos prácticas sexuales poco habituales: comportamientos que no son altamente practicables pero que no significa que sea malo, ni raro, solo diferente.

En el sexo, y siempre que haya consentimiento, respeto y un acuerdo entre las partes implicadas, todo es válido. Puede el pegging o el sexo anal sean algo habitual para ustedes, pero para otras parejas no. Todo depende de cómo veamos estas prácticas y acordemos el cómo beneficia a una relación en pareja.

La pinza birmana

Una de las prácticas sexuales que más parejas están adoptando en la intimidad es la de la pinza birmana, que consiste en estimular el pene durante la penetración con los músculos de la vagina en una relación heterosexual. 

Es imprescindible ejercitar los músculos del suelo pélvico para tener el tono y la fuerza suficiente para apretar. Podemos hacerlo en cualquier momento del coito con penetración, aunque resulta más placentero cuando se va a llegar al clímax.

El abrazo de la diosa

Esta práctica de slow sex llega directamente de la India, concretamente del Ananga Ranga, un manual de prácticas y posiciones sexuales del siglo XVI en el que nos explican que se trata de una sincronización de las respiraciones de una pareja, de nueva cuenta, heterosexual.

Para practicarla, partimos de la posición de la flor de loto, la persona con vagina encima y abrazando con sus piernas las caderas de la persona con pene. Durante la penetración, cuando uno exhale, el otro inspira. De esta forma y según explica el libro, se produce un balance de la pareja que se acompasa con la penetración, consiguiendo que sea más profunda y con menos esfuerzo.

El carrete filipino

Esta técnica tiene su origen en los burdeles filipinos, donde las prostitutas ataban un cordel a la base del pene erecto para aumentar el placer. Es vital que antes de seguir leyendo, sepas que esta práctica puede ser peligrosa si se ejecuta mal. 

Requiere algo de destreza, mucha comunicación y un hilo de fibras naturales para no dañar la piel. La sexóloga Arola Poch explica que consiste en atar un cordel a la base del pene en erección (no antes) y «apretar con firmeza para constreñirlo, alargando así el tiempo de erección e intensificando la sensación de la eyaculación».

Se supone que, durante la estimulación del pene, ya sea con penetración, o masturbación, la intensidad con la que aprieta el hilo es mayor para alargar el tiempo de erección y justo antes de eyacular, es cuando desatamos el nudo, para conseguir un orgasmo más potente. 

Además de ser una práctica que no es fácil, no es para todo el mundo, ya que representa algunos riesgos ya que se puede producir priapismo debido a la coagulación de esa sangre retenida en el pene, aunque no es habitual este tipo de consecuencias.

Foto de We-Vibe Toys en Unsplash


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Joel Calata

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Muchos podrían llegar a considerar el uso de juguetes sexuales dentro de una relación algo fuera de lo común, sin embargo, es más que normal que las parejas adopten lo que ahora llamamos prácticas sexuales poco habituales: comportamientos que no son altamente practicables pero que no significa que sea malo, ni raro, solo diferente.

En el sexo, y siempre que haya consentimiento, respeto y un acuerdo entre las partes implicadas, todo es válido. Puede el pegging o el sexo anal sean algo habitual para ustedes, pero para otras parejas no. Todo depende de cómo veamos estas prácticas y acordemos el cómo beneficia a una relación en pareja.

La pinza birmana

Una de las prácticas sexuales que más parejas están adoptando en la intimidad es la de la pinza birmana, que consiste en estimular el pene durante la penetración con los músculos de la vagina en una relación heterosexual. 

Es imprescindible ejercitar los músculos del suelo pélvico para tener el tono y la fuerza suficiente para apretar. Podemos hacerlo en cualquier momento del coito con penetración, aunque resulta más placentero cuando se va a llegar al clímax.

El abrazo de la diosa

Esta práctica de slow sex llega directamente de la India, concretamente del Ananga Ranga, un manual de prácticas y posiciones sexuales del siglo XVI en el que nos explican que se trata de una sincronización de las respiraciones de una pareja, de nueva cuenta, heterosexual.

Para practicarla, partimos de la posición de la flor de loto, la persona con vagina encima y abrazando con sus piernas las caderas de la persona con pene. Durante la penetración, cuando uno exhale, el otro inspira. De esta forma y según explica el libro, se produce un balance de la pareja que se acompasa con la penetración, consiguiendo que sea más profunda y con menos esfuerzo.

El carrete filipino

Esta técnica tiene su origen en los burdeles filipinos, donde las prostitutas ataban un cordel a la base del pene erecto para aumentar el placer. Es vital que antes de seguir leyendo, sepas que esta práctica puede ser peligrosa si se ejecuta mal. 

Requiere algo de destreza, mucha comunicación y un hilo de fibras naturales para no dañar la piel. La sexóloga Arola Poch explica que consiste en atar un cordel a la base del pene en erección (no antes) y «apretar con firmeza para constreñirlo, alargando así el tiempo de erección e intensificando la sensación de la eyaculación».

Se supone que, durante la estimulación del pene, ya sea con penetración, o masturbación, la intensidad con la que aprieta el hilo es mayor para alargar el tiempo de erección y justo antes de eyacular, es cuando desatamos el nudo, para conseguir un orgasmo más potente. 

Además de ser una práctica que no es fácil, no es para todo el mundo, ya que representa algunos riesgos ya que se puede producir priapismo debido a la coagulación de esa sangre retenida en el pene, aunque no es habitual este tipo de consecuencias.

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