25 mayo 2023 Por Anabel Palomares 0

La responsabilidad afectiva debería estar en todas las relaciones: qué es y cómo te ayuda a cuidar y que te cuiden

Es posible que hayas oído hablar en algún momento del concepto responsabilidad afectiva que parece haberse puesto de moda en las relaciones, pero que en realidad lleva con nosotros toda la vida y que es clave si queremos que nuestra relación de pareja funcione.

Pero en realidad, es aplicable a todas las relaciones sean del tipo que sean, y la herramienta indispensable para que términos como el breadcrumbing, el ghosting o el slowfading no formen parte de nuestra vida.

Te contamos en qué consiste la responsabilidad afectiva y por qué es imprescindible exigirla y practicarla en nuestras relaciones.

Qué es la responsabilidad afectiva

En el libro Que sea amor del bueno: Por qué la responsabilidad afectiva es clave en tus relaciones de la psicóloga Marta Martínez Novoa, hay una definición clara sobre qué es la responsabilidad afectiva. Ella la define como “tener conciencia de que las relaciones y, en especial, los vínculos que se crean en ellas están formadas por varias personas, no solo por nosotros mismos y que todas las personas implicadas tienen sentimientos y necesidades.” Es decir, la responsabilidad afectiva tiene en cuenta lo que sienten los demás sin dejar de lado lo que sentimos nosotros, y aplicarla es actuar en consecuencia con esto.

Que sea amor del bueno: Por qué la responsabilidad afectiva es clave en tus relaciones (Autoayuda y superación)

Respetar las necesidades y emociones propias pero respetando también las de la otra persona es algo necesario desde que se establece cualquier tipo de vínculo, porque lo creamos o no, cualquier cosa que decimos o hacemos, y también lo que no decimos y hacemos, tiene un impacto en nuestro receptor.

Iria Reguera, psicóloga y redactora jefe de Trendencias nos explica que “la responsabilidad afectiva es importante en cualquier relación, no solo en las romántico-sexuales. A veces estamos tan centrados en nuestros propios sentimientos y emociones que nos podemos olvidar de que la persona que tenemos delante es un ser humano con sus propias emociones y sentimientos y que, cualquier interacción humana, involucra emociones y estas, son parte no desconectable de las relaciones humanas.”

No solo en las relaciones de pareja, sino en cualquier relación sea la que sea. Aunque hablemos de amigos con derechos debe existir una responsabilidad afectiva. Con nuestra familia y amigos, debe existir una responsabilidad afectiva. Con nuestros compañeros de trabajo. En definitiva, con cualquier persona con la que tengamos una relación interpersonal. Iria Reguera añade que “cada vez que dos seres humanos interactúan hay emociones implicadas y no está de más tenerlas en cuenta. No está de más intentar ser un poco conscientes de cómo afectamos a los demás y no solo de cómo los demás nos afectan a nosotros. Le llamamos «responsabilidad afectiva», pero perfectamente podríamos llamarlo mínimos de educación, respeto y empatía.”

Entender que hay cosas que yo pueda hacer, decir o pensar que van a afectar a otra persona y así, actuar en consecuencia, es practicar la responsabilidad afectiva y la empatía.

Pero ojo, porque Iria Reguera nos advierte que “esto no quiere decir que, por tener en cuenta las emociones del otro, nos callemos cómo nos sentimos nosotros o nos traguemos nuestras emociones, pensamientos y deseos, sino que debemos comunicarlas de manera que tengas en cuenta a la otra persona y, para eso, nos sirve la comunicación asertiva. No confundamos la responsabilidad afectiva con dejarnos pisar o no hacer daño al otro a costa de nuestro propio bienestar y, del mismo modo, no confundamos el pensar en nosotros mismos, cuidarnos y respetar nuestros deseos y necesidades con ser insensible con los demás y pasarles por encima.” La responsabilidad afectiva debe tener en cuenta las emociones de ambas partes.

Por qué es necesaria la responsabilidad afectiva en las relaciones

Lo primero de todo, y tal como apunta Iria Reguera, “el pensar en cómo va a hacer sentir al otro nuestros actos e intentar tener esas emociones en cuenta y respetarlas, va a hacer que la otra persona se sienta respetada y tenida en cuenta. Va a hacer que sienta que sus emociones cuentan y va a favorecer que se sienta vista como ser humano.”

Para poder hablar de una relación saludable es imprescindible hablar de responsabilidad afectiva en esa relación, “especialmente cuando se da en ambas direcciones”, tal y como explica Rueguera, ya que cuando tú lo das es más fácil que lo recibas. Esto “es el caldo de cultivo para relaciones más saludables y comunicaciones más saludables”, en palabras de la psicóloga.

La responsabilidad afectiva en el sexo

La responsabilidad afectiva no es sinónimo de amor sino en realidad una herramienta necesaria para cualquier relación, también si hablamos de sexo sin compromiso. “Que la persona con la que estás teniendo un rollito casual pida responsabilidad afectiva, no es que esté enamorada de ti, sino que las emociones son parte no desconectable de las relaciones humanas”, nos explica Iria Reguera. Cuando hablamos de fluir en una relación, no podemos olvidarnos de la responsabilidad afectiva, ni en relaciones como situationships que tanto gustan a la generación Z.

La responsabilidad afectiva debe acompañarnos siempre, en cualquier relación y también en las sexuales. No es que tengamos que seguir el movimiento del positivismo sexual, es que tenemos que tener presente siempre que tenemos a una persona enfrente con sentimientos y emociones y que merece el mismo respeto que queremos para nosotros mismos.

Cómo tener responsabilidad afectiva

Martínez explica también en su libro que “hemos normalizado muchas conductas que no cumplen con la responsabilidad afectiva, pero esto no quiere decir que sean normales.” Un ejemplo claro es esa frase que tenemos que desterrar de nuestras relaciones de pareja si queremos que esta sean saludables: “no me pasa nada”. Este tipo de comunicación pasiva da por sentado que la otra persona debe saber lo que nos pasa. Tener responsabilidad afectiva es comunicar lo que nos ocurre.

La manera de hacerlo es lo primero de todo, pensar antes de hablar, igual que cuando evitamos el sincericidio. Si nos ponemos en el lugar de la otra persona y practicamos la empatía para comunicarnos de manera asertiva, estaremos también teniendo responsabilidad afectiva con la otra persona.

En su libro Me quiero, te quiero, María Esclapez explica que “hablar sobre los propios sentimientos, respetando los de la otra persona” es utilizar la responsabilidad afectiva, igual que lo es si hablamos de la pareja y tal como nos explica la psicóloga, “dejar claras las intenciones y expectativas sobre la relación de pareja”, como en el hardballing, “negociar límites en la relación y respetarlos” y “llegar a acuerdos y modificarlos conforme la relación vaya evolucionando”. Para esto es imprescindible hablar con nuestra pareja y hacerlo con técnicas como el banco de niebla si vemos que la conversación se estanca y no conseguimos llegar a un acuerdo.

Me quiero, te quiero: Una guía para desarrollar relaciones sanas (y mejorar las que ya tienes) (Bruguera Tendencias)

“El esfuerzo es necesario. Las relaciones hay que cuidarlas y eso requiere tiempo y energía. Comunicación, tiempo de calidad juntos/as, responsabilidad afectiva. No es fácil tener una relación, pero tampoco tenerla ha de ser un infierno” afirma la psicóloga en su cuenta de Instagram.

Tener empatía, respeto, comunicación, practicar la escucha activa, llegar a un consenso, poner límites y pensar en las consecuencias de nuestros actos y nuestras palabras, es tener responsabilidad afectiva y con ella, la tarea de cuidar y que nos cuiden será mucho más sencilla.

Nota: algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Trendencias.

Fotos | Andriyko Podilnyk, Priscilla Du Preez, Milan Popovic y Dominic Sansotta en Unsplash

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La responsabilidad afectiva debería estar en todas las relaciones: qué es y cómo te ayuda a cuidar y que te cuiden

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Anabel Palomares

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Es posible que hayas oído hablar en algún momento del concepto responsabilidad afectiva que parece haberse puesto de moda en las relaciones, pero que en realidad lleva con nosotros toda la vida y que es clave si queremos que nuestra relación de pareja funcione.

Pero en realidad, es aplicable a todas las relaciones sean del tipo que sean, y la herramienta indispensable para que términos como el breadcrumbing, el ghosting o el slowfading no formen parte de nuestra vida.

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Respetar las necesidades y emociones propias pero respetando también las de la otra persona es algo necesario desde que se establece cualquier tipo de vínculo, porque lo creamos o no, cualquier cosa que decimos o hacemos, y también lo que no decimos y hacemos, tiene un impacto en nuestro receptor.

Iria Reguera, psicóloga y redactora jefe de Trendencias nos explica que “la responsabilidad afectiva es importante en cualquier relación, no solo en las romántico-sexuales. A veces estamos tan centrados en nuestros propios sentimientos y emociones que nos podemos olvidar de que la persona que tenemos delante es un ser humano con sus propias emociones y sentimientos y que, cualquier interacción humana, involucra emociones y estas, son parte no desconectable de las relaciones humanas.”

No solo en las relaciones de pareja, sino en cualquier relación sea la que sea. Aunque hablemos de amigos con derechos debe existir una responsabilidad afectiva. Con nuestra familia y amigos, debe existir una responsabilidad afectiva. Con nuestros compañeros de trabajo. En definitiva, con cualquier persona con la que tengamos una relación interpersonal. Iria Reguera añade que “cada vez que dos seres humanos interactúan hay emociones implicadas y no está de más tenerlas en cuenta. No está de más intentar ser un poco conscientes de cómo afectamos a los demás y no solo de cómo los demás nos afectan a nosotros. Le llamamos «responsabilidad afectiva», pero perfectamente podríamos llamarlo mínimos de educación, respeto y empatía.”

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Lo primero de todo, y tal como apunta Iria Reguera, “el pensar en cómo va a hacer sentir al otro nuestros actos e intentar tener esas emociones en cuenta y respetarlas, va a hacer que la otra persona se sienta respetada y tenida en cuenta. Va a hacer que sienta que sus emociones cuentan y va a favorecer que se sienta vista como ser humano.”

Para poder hablar de una relación saludable es imprescindible hablar de responsabilidad afectiva en esa relación, “especialmente cuando se da en ambas direcciones”, tal y como explica Rueguera, ya que cuando tú lo das es más fácil que lo recibas. Esto “es el caldo de cultivo para relaciones más saludables y comunicaciones más saludables”, en palabras de la psicóloga.

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Anabel Palomares

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