24 mayo 2024 Por Joel Calata 0

La ropa de marcas fast fashion no sólo le cobra factura al planeta: sino que también resulta ser más cara en función de calidad y durabilidad

El vertiginoso ritmo al que avanza el mundo de la moda para poder satisfacer las necesidades de clientes que exigen la inmediatez de prendas ante el nacimiento de nuevas tendencias o el lanzamiento de nuevas colecciones es verdaderamente preocupante: ya que no sólo consume grandes cantidades de recursos naturales, sino que también sus procesos de producción textil utilizan y liberan una gran cantidad de productos químicos nocivos que contaminan el agua, el suelo y el aire.

Pero no solo eso: el impacto negativo de la llamada moda rápida o ropa desechable también repercute en los bolsillos de los compradores, ya que, al apostar por productos de precios económicos, estos se fabrican con materiales de una calidad inferior, por lo que representa a largo plazo una mayor inversión en prendas y accesorios que terminan siendo desechadas.

Al respecto, han surgido varias plataformas e iniciativas en las que se busca crear conciencia sobre la compra de ropa de marcas de las que se ha comprobado son las que más contaminan, tanto en su producción como en sus desechos, mismos que terminan en aguas abiertas o acumulados en desiertos.

A partir de la necesidad de establecer un cambio en los hábitos de consumo de los compradores de moda, Vestiaire Colective, una plataforma global en línea para la compra y venta de moda de lujo de segunda mano, realizó un estudio en donde refleja el verdadero costo de las prendas y calzado de marcas fast fashion que, comparado con aquellas prendas que la misma tienda denomina como pre-owned, es decir, revendida por otra persona, resulta tener un costo mucho mayor.

A través de una encuesta realizada a los consumidores de la web, esta arrojó resultados que confirman lo que se especulaba sobre los artículos de moda rápida: que éstos se usan menos en promedio y se conservan por menos tiempo. Dicho hábito de consumo llevó a Vestiaire Colective a diseñar una fórmula en la que pudo calcular el costo por uso, es decir, la relación del precio con la calidad de dicho producto teniendo en cuenta el número de veces que se utiliza antes de que se desgaste o se deseche.

Lo barato sale caro… y malo

Aunque los artículos de fast fashion puedan parecer inicialmente más atractivos desde el punto de vista económico, el informe demuestra que la elección de artículos de moda de segunda mano resulta ser una inversión más duradera a largo plazo.

Como ejemplo para demostrar la fórmula, se tomó una gabardina de Zara de la temporada actual comparada con una clásica gabardina de Burberry, la primera con un precio de 1.499 pesos, y la segunda de 5.620 aproximadamente.

De acuerdo a las declaraciones de los entrevistados en el estudio, los compradores de los artículos de lujo de segunda mano utilizaron una prenda de abrigo un total de 114 veces antes de deshacerse de ella; por otro lado, los compradores de Fast Fashion aseguraron que dicha prenda sólo la utilizaron en 28 ocasiones, ¿la diferencia? que el artículo de lujo fue revendido y el dueño pudo obtener una ganancia por ello, sin embargo, en el caso de la prenda barata, ésta fue desechada por su mala calidad y mostrar desperfectos.

Al final, con el cálculo del precio inicial y tomando en cuenta el valor de la pieza al momento en el que el propietario dejó de usarla, arroja que la prenda de Zara en realidad tiene un costo de 81,76 pesos por cada vez que se usa, mientras que la Burberry tuvo sólo un costo de 15,14 pesos, ya que el dueño recibió una ganancia sobre la prenda al venderla, que se resta del precio que originalmente pagó.

Al igual que este ejemplo, el cálculo se aplicó a otras prendas, como unos jeans y unos mocasines de piel, que confirmaron el hecho de que el costo es sistemáticamente inferior cuando se compran artículos de segunda mano.

Un alto a la cultura de comprar y tirar

Un estudio realizado por Louise R. Morgan y Grete Birtwistle para la división de moda, marketing y ventas minoristas de la Glasgow Caledonian University, identificaron que, dentro del sector de los compradores jóvenes las tres categorías de ropa y accesorios que más se desechan por cuestiones de calidad y defectos son las de abrigos o prendas de exterior, vestidos de ocasión (formales o de fiesta) y las bolsas de mano.

«Ya hay mucha ropa en el planeta sin ser utilizada, incentivar a que las personas adquieran usado, lo normalicen y se eliminen mitos, nos ayuda a tener un consumo más sustentable”, apuntó Cristina Ayala-Azcárraga, maestra en Ciencias Biológicas y doctora en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.

En cifras del estudio de Vestiaire Colective, al año se desecha el 60% de la ropa comprada en marcas de moda rápida, lo que representa un volumen total de 92 millones de toneladas de textiles, las suficientes para llenar el Palacio de Buckingham cada día.

Ante la búsqueda de una solución al problema que constituye la contaminación de la ropa de baja calidad, la industria ha puesto atención a la sostenibilidad como la palabra clave basada en tres pilares importantes: la protección del medio ambiente, el desarrollo social y el crecimiento económico; y es que estos tres elementos son esenciales para cuidar los recursos no renovables, mejorar los niveles de calidad de vida a través del medio ambiente y propiciar el crecimiento económico para un desarrollo social justo.

La ropa muere en popularidad antes que en utilidad

El auge del modelo de moda rápida ha transformado radicalmente la industria textil y los hábitos de consumo a nivel global. Su esencia reside en la producción veloz y adaptable, permitiendo a las empresas ofrecer a sus clientes las últimas tendencias a precios accesibles.

En cierto modo, se podría decir que este modelo ha democratizado la moda, haciendo que conceptos como las tendencias y los estilos estén al alcance de un público más amplio, razón principal por la que los ciclos de vida de los artículos se están acelerando: ya que los artículos de consumo sufren una muerte social vertiginosa, perdiendo su función icónica mucho antes de llegar a la muerte funcional, es decir: cumplir el objetivo por el que fueron hechos.

Para poder realizar un cambio, necesitamos encontrar nuevos enfoques que puedan combinar moda y sostenibilidad: si bien el slow fashion es una alternativa a favor de la fabricación de prendas más duraderas que se alejan de la producción voraz, lo cierto es que aprovechar las prendas qua ya están fabricadas ayudan a darle un respiro al planeta evitando la sobreproducción.

Al final, todo es una decisión de calidad y conciencia, sin embargo, el conocer el verdadero costo de nuestras prendas nos hace pensar en aquella frase que inmortalizó Vivienne Westwood: «Compra menos, elige bien y haz que dure».

Foto de Praswin Prakashan en Unsplash

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Joel Calata

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El vertiginoso ritmo al que avanza el mundo de la moda para poder satisfacer las necesidades de clientes que exigen la inmediatez de prendas ante el nacimiento de nuevas tendencias o el lanzamiento de nuevas colecciones es verdaderamente preocupante: ya que no sólo consume grandes cantidades de recursos naturales, sino que también sus procesos de producción textil utilizan y liberan una gran cantidad de productos químicos nocivos que contaminan el agua, el suelo y el aire.

Pero no solo eso: el impacto negativo de la llamada moda rápida o ropa desechable también repercute en los bolsillos de los compradores, ya que, al apostar por productos de precios económicos, estos se fabrican con materiales de una calidad inferior, por lo que representa a largo plazo una mayor inversión en prendas y accesorios que terminan siendo desechadas.

Al respecto, han surgido varias plataformas e iniciativas en las que se busca crear conciencia sobre la compra de ropa de marcas de las que se ha comprobado son las que más contaminan, tanto en su producción como en sus desechos, mismos que terminan en aguas abiertas o acumulados en desiertos.

A partir de la necesidad de establecer un cambio en los hábitos de consumo de los compradores de moda, Vestiaire Colective, una plataforma global en línea para la compra y venta de moda de lujo de segunda mano, realizó un estudio en donde refleja el verdadero costo de las prendas y calzado de marcas fast fashion que, comparado con aquellas prendas que la misma tienda denomina como pre-owned, es decir, revendida por otra persona, resulta tener un costo mucho mayor.

A través de una encuesta realizada a los consumidores de la web, esta arrojó resultados que confirman lo que se especulaba sobre los artículos de moda rápida: que éstos se usan menos en promedio y se conservan por menos tiempo. Dicho hábito de consumo llevó a Vestiaire Colective a diseñar una fórmula en la que pudo calcular el costo por uso, es decir, la relación del precio con la calidad de dicho producto teniendo en cuenta el número de veces que se utiliza antes de que se desgaste o se deseche.

Lo barato sale caro… y malo

Aunque los artículos de fast fashion puedan parecer inicialmente más atractivos desde el punto de vista económico, el informe demuestra que la elección de artículos de moda de segunda mano resulta ser una inversión más duradera a largo plazo.

Como ejemplo para demostrar la fórmula, se tomó una gabardina de Zara de la temporada actual comparada con una clásica gabardina de Burberry, la primera con un precio de 1.499 pesos, y la segunda de 5.620 aproximadamente.

De acuerdo a las declaraciones de los entrevistados en el estudio, los compradores de los artículos de lujo de segunda mano utilizaron una prenda de abrigo un total de 114 veces antes de deshacerse de ella; por otro lado, los compradores de Fast Fashion aseguraron que dicha prenda sólo la utilizaron en 28 ocasiones, ¿la diferencia? que el artículo de lujo fue revendido y el dueño pudo obtener una ganancia por ello, sin embargo, en el caso de la prenda barata, ésta fue desechada por su mala calidad y mostrar desperfectos.

Al final, con el cálculo del precio inicial y tomando en cuenta el valor de la pieza al momento en el que el propietario dejó de usarla, arroja que la prenda de Zara en realidad tiene un costo de 81,76 pesos por cada vez que se usa, mientras que la Burberry tuvo sólo un costo de 15,14 pesos, ya que el dueño recibió una ganancia sobre la prenda al venderla, que se resta del precio que originalmente pagó.

Al igual que este ejemplo, el cálculo se aplicó a otras prendas, como unos jeans y unos mocasines de piel, que confirmaron el hecho de que el costo es sistemáticamente inferior cuando se compran artículos de segunda mano.

Un alto a la cultura de comprar y tirar

Un estudio realizado por Louise R. Morgan y Grete Birtwistle para la división de moda, marketing y ventas minoristas de la Glasgow Caledonian University, identificaron que, dentro del sector de los compradores jóvenes las tres categorías de ropa y accesorios que más se desechan por cuestiones de calidad y defectos son las de abrigos o prendas de exterior, vestidos de ocasión (formales o de fiesta) y las bolsas de mano.

«Ya hay mucha ropa en el planeta sin ser utilizada, incentivar a que las personas adquieran usado, lo normalicen y se eliminen mitos, nos ayuda a tener un consumo más sustentable”, apuntó Cristina Ayala-Azcárraga, maestra en Ciencias Biológicas y doctora en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.

En cifras del estudio de Vestiaire Colective, al año se desecha el 60% de la ropa comprada en marcas de moda rápida, lo que representa un volumen total de 92 millones de toneladas de textiles, las suficientes para llenar el Palacio de Buckingham cada día.

Ante la búsqueda de una solución al problema que constituye la contaminación de la ropa de baja calidad, la industria ha puesto atención a la sostenibilidad como la palabra clave basada en tres pilares importantes: la protección del medio ambiente, el desarrollo social y el crecimiento económico; y es que estos tres elementos son esenciales para cuidar los recursos no renovables, mejorar los niveles de calidad de vida a través del medio ambiente y propiciar el crecimiento económico para un desarrollo social justo.

La ropa muere en popularidad antes que en utilidad

El auge del modelo de moda rápida ha transformado radicalmente la industria textil y los hábitos de consumo a nivel global. Su esencia reside en la producción veloz y adaptable, permitiendo a las empresas ofrecer a sus clientes las últimas tendencias a precios accesibles.

En cierto modo, se podría decir que este modelo ha democratizado la moda, haciendo que conceptos como las tendencias y los estilos estén al alcance de un público más amplio, razón principal por la que los ciclos de vida de los artículos se están acelerando: ya que los artículos de consumo sufren una muerte social vertiginosa, perdiendo su función icónica mucho antes de llegar a la muerte funcional, es decir: cumplir el objetivo por el que fueron hechos.

Para poder realizar un cambio, necesitamos encontrar nuevos enfoques que puedan combinar moda y sostenibilidad: si bien el slow fashion es una alternativa a favor de la fabricación de prendas más duraderas que se alejan de la producción voraz, lo cierto es que aprovechar las prendas qua ya están fabricadas ayudan a darle un respiro al planeta evitando la sobreproducción.

Al final, todo es una decisión de calidad y conciencia, sin embargo, el conocer el verdadero costo de nuestras prendas nos hace pensar en aquella frase que inmortalizó Vivienne Westwood: «Compra menos, elige bien y haz que dure».

Foto de Praswin Prakashan en Unsplash

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La ropa de marcas fast fashion no sólo le cobra factura al planeta: sino que también resulta ser más cara en función de calidad y durabilidad

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