4 abril 2024 Por Anabel Palomares 0

Los 11 errores que alguien con inteligencia emocional nunca cometería

La inteligencia emocional es una de las habilidades más buscadas por las empresas. pero también es una de las más útiles para la vida. Nos prepara para tener relaciones sociales más sólidas y saludables, y se trata de una de esas soft skills que se pueden desarrollar y entrenar.

Daniel Goleman, psicólogo de Harvard, periodista científico y el autor más vendido del NY Times, publicó su libro ‘Inteligencia emocional’ en el que describía la inteligencia emocional como la capacidad de reconocer las emociones propias y de los demás. En él se explicaba que nos solo se traduce en eso, engloba habilidades como el control de los impulsos, la autoconciencia, la perseverancia, la empatía o la agilidad mental.

Hay ocasiones en que la mejor forma de conseguir algo es alejarse de lo contrario. Por eso voy a contarte algunos errores que una persona emocionalmente inteligente nunca cometería en su vida porque representan una baja inteligencia emocional. Pero si te reconoces en alguno no te preocupes, el primer paso para mejorar es saber en qué fallamos.

Opinar sobre otros, especialmente sin conocerlos

Creer que tenemos la relevancia suficiente para opinar sobre una persona sin conocerla (por ejemplo sobre su físico), es algo que no haría nunca alguien con inteligencia emocional porque sabe que aunque sea “sin mala intención” una crítica no solicitada tiene impacto en quien la recibe.

Hacer lo mismo repetidamente, pero esperando un resultado diferente

Alguien con inteligencia emocional es capaz de adaptarse y cambiar para solucionar los problemas. Según el psicólogo Alfred Binet, la inteligencia es “la capacidad de tomar y mantener una determinada dirección, adaptarse a nuevas situaciones y tener la capacidad de criticar las propias acciones”. Cuando hacemos esa crítica y dejamos de repetir los mismos errores, estamos demostrando que somos inteligentes.

Creer que siempre llevan razón

Joseph Nguyen escribía en su bestseller ‘No te creas todo lo que piensas’ que nuestra experiencia en el mundo está delimitada en gran parte por nuestros procesos mentales. Considerar que siempre llevas razón y que tu verdad es absoluta, no es un error que comete alguien con inteligencia emocional porque conoce esa limitación. Escuchar a otra persona cuando habla nos permite aprender y descubrir diferentes perspectivas es una buena forma de ampliar nuestros horizontes y evitar creer que siempre llevamos razón en todo.

Reprimir las emociones

La inteligencia emocional es un cúmulo de diferentes habilidades y entre ellas está la gestión emocional. De hecho esta habilidad es tan importante que debería desarrollarse desde la infancia, como nos explicaba la experta en crianza Reem Raouda. Cuando nos negamos a sentir algo y apartamos las mal llamadas emociones negativas en lugar de tratar de entenderlas y gestionarlas, estamos demostrando que necesitamos desarrollar esa inteligencia emocional.

No escuchar

Y con escuchar queremos decir hacer una escucha activa y reflexiva. Alguien con inteligencia emocional escucha de manera profunda y no solo oye. Presta atención a lo que la otra persona tiene que decirle.

Hacer culpable a otros de tus emociones

Cuando somos conscientes de nuestras emociones también nos damos cuenta de que sentimos en base a cómo percibimos las cosas. Como explicábamos antes, nuestra percepción está en ocasiones delimitada por nuestras propias experiencias y aunque nos cueste, debemos entender que no somos responsables de las emociones de otros ni ellos de las nuestras.

Eso no quiere decir que no deba existir responsabilidad afectiva, sino que hay que entenderla correctamente. La psicóloga Marta Martínez Novoa explica en su libro “Que sea amor del bueno» que la responsabilidad afectiva es tener conciencia de que las relaciones están formadas por varias personas, y que todas las implicadas tienen sentimientos y necesidades. Y eso no quiere decir que ellos sean responsables de las nuestras. Las personas con alta inteligencia emocional ven sus emociones como la oportunidad de conocerse más y de establecer límites saludables con otros.

Invalidar lo que otros sienten

Si tienes inteligencia emocional, te preocupas por los sentimientos de otros y eres capaz de ponerse en sus zapatos usando la empatía. Eso no pasa por decir “no creo que sea para tanto” ni “no me importa lo que sientes”. Alguien con inteligencia emocional alta es capaz de validar las emociones de otra persona aún sin estar de acuerdo con ella.

Negarse a cambiar

La inteligencia emocional se asocia de manera directa con la capacidad de cambiar, aprender y cambiar a lo largo de la vida. Si escuchas a alguien decir “soy así y no voy a cambiar”, está claro que no es una persona con inteligencia emocional porque el cambio es algo inherente al ser humano. Y muy necesario.

Asumir que saben qué les hará felices en el futuro

En realidad no podemos determinar lo que nos hará felices en el futuro. Tener una casa más grande, tener pareja, no tenerla… Tomamos nuestras decisiones sobre el futuro basándonos en nuestras experiencias pasadas y en nuestras prioridades y formas de pensar presentes. Y cuando ese futuro llega termina siendo muy diferente, pero no menos feliz. Somos terribles a la hora de predecir lo que nos hará felices como explicaba Dan Gilbert en su charla TED.

Pensar que lo malo (y lo bueno) durará siempre

La psicóloga y directora de Trendencias, Iria Reguera, nos explica que las personas resilientes no solo superan los problemas que se les presenten a lo largo de su vida, también “tienen la capacidad de convertir estas experiencias en algo de lo que aprender y conseguir que los fortalezca y los mejore.”Una persona con inteligencia emocional también es resiliente. Y lo es porque sabe que “no hay mal que cien años dure», como decía el refrán. Será capaz de enfrentarse a esa situación y aprender de ella porque sabe que es transitoria.

Lo mismo ocurre con la felicidad o los buenos momentos. Alguien con inteligencia emocional es consciente de que la felicidad nunca será algo permanente, y sabrá que a lo largo de la vida nos pasarán cosas buenas y malas y ninguna será para siempre.

Dejarse arrastrar por los (malos) pensamientos

Si la inteligencia emocional es la capacidad para reconocer las emociones propias y de los demás, también lo es detectar la rumiación mental y ponerle freno. Iria Reguera nos explica que esa rumiación ocurre cuando nuestro foco de atención se queda «atrapado» en algo (real o no) y eso nos genera estrés y ansiedad”. La rumiación mental debe atajarse y enfrentarse para evitar que ese malestar se mantenga.

No significa que alguien con inteligencia emocional no vaya a darle muchas vueltas a algo, sino que detecta rápidamente que le ocurre y es capaz de ponerle freno, ya que es completamente consciente de sus emociones.

Nota: algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Trendencias.

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Los 11 errores que alguien con inteligencia emocional nunca cometería

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Anabel Palomares

.

La inteligencia emocional es una de las habilidades más buscadas por las empresas. pero también es una de las más útiles para la vida. Nos prepara para tener relaciones sociales más sólidas y saludables, y se trata de una de esas soft skills que se pueden desarrollar y entrenar.

Daniel Goleman, psicólogo de Harvard, periodista científico y el autor más vendido del NY Times, publicó su libro ‘Inteligencia emocional’ en el que describía la inteligencia emocional como la capacidad de reconocer las emociones propias y de los demás. En él se explicaba que nos solo se traduce en eso, engloba habilidades como el control de los impulsos, la autoconciencia, la perseverancia, la empatía o la agilidad mental.

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Opinar sobre otros, especialmente sin conocerlos

Creer que tenemos la relevancia suficiente para opinar sobre una persona sin conocerla (por ejemplo sobre su físico), es algo que no haría nunca alguien con inteligencia emocional porque sabe que aunque sea “sin mala intención” una crítica no solicitada tiene impacto en quien la recibe.

Hacer lo mismo repetidamente, pero esperando un resultado diferente

Alguien con inteligencia emocional es capaz de adaptarse y cambiar para solucionar los problemas. Según el psicólogo Alfred Binet, la inteligencia es “la capacidad de tomar y mantener una determinada dirección, adaptarse a nuevas situaciones y tener la capacidad de criticar las propias acciones”. Cuando hacemos esa crítica y dejamos de repetir los mismos errores, estamos demostrando que somos inteligentes.

Creer que siempre llevan razón

Joseph Nguyen escribía en su bestseller ‘No te creas todo lo que piensas’ que nuestra experiencia en el mundo está delimitada en gran parte por nuestros procesos mentales. Considerar que siempre llevas razón y que tu verdad es absoluta, no es un error que comete alguien con inteligencia emocional porque conoce esa limitación. Escuchar a otra persona cuando habla nos permite aprender y descubrir diferentes perspectivas es una buena forma de ampliar nuestros horizontes y evitar creer que siempre llevamos razón en todo.

Reprimir las emociones

La inteligencia emocional es un cúmulo de diferentes habilidades y entre ellas está la gestión emocional. De hecho esta habilidad es tan importante que debería desarrollarse desde la infancia, como nos explicaba la experta en crianza Reem Raouda. Cuando nos negamos a sentir algo y apartamos las mal llamadas emociones negativas en lugar de tratar de entenderlas y gestionarlas, estamos demostrando que necesitamos desarrollar esa inteligencia emocional.

No escuchar

Y con escuchar queremos decir hacer una escucha activa y reflexiva. Alguien con inteligencia emocional escucha de manera profunda y no solo oye. Presta atención a lo que la otra persona tiene que decirle.

Hacer culpable a otros de tus emociones

Cuando somos conscientes de nuestras emociones también nos damos cuenta de que sentimos en base a cómo percibimos las cosas. Como explicábamos antes, nuestra percepción está en ocasiones delimitada por nuestras propias experiencias y aunque nos cueste, debemos entender que no somos responsables de las emociones de otros ni ellos de las nuestras.

Eso no quiere decir que no deba existir responsabilidad afectiva, sino que hay que entenderla correctamente. La psicóloga Marta Martínez Novoa explica en su libro “Que sea amor del bueno» que la responsabilidad afectiva es tener conciencia de que las relaciones están formadas por varias personas, y que todas las implicadas tienen sentimientos y necesidades. Y eso no quiere decir que ellos sean responsables de las nuestras. Las personas con alta inteligencia emocional ven sus emociones como la oportunidad de conocerse más y de establecer límites saludables con otros.

Invalidar lo que otros sienten

Si tienes inteligencia emocional, te preocupas por los sentimientos de otros y eres capaz de ponerse en sus zapatos usando la empatía. Eso no pasa por decir “no creo que sea para tanto” ni “no me importa lo que sientes”. Alguien con inteligencia emocional alta es capaz de validar las emociones de otra persona aún sin estar de acuerdo con ella.

Negarse a cambiar

La inteligencia emocional se asocia de manera directa con la capacidad de cambiar, aprender y cambiar a lo largo de la vida. Si escuchas a alguien decir “soy así y no voy a cambiar”, está claro que no es una persona con inteligencia emocional porque el cambio es algo inherente al ser humano. Y muy necesario.

Asumir que saben qué les hará felices en el futuro

En realidad no podemos determinar lo que nos hará felices en el futuro. Tener una casa más grande, tener pareja, no tenerla… Tomamos nuestras decisiones sobre el futuro basándonos en nuestras experiencias pasadas y en nuestras prioridades y formas de pensar presentes. Y cuando ese futuro llega termina siendo muy diferente, pero no menos feliz. Somos terribles a la hora de predecir lo que nos hará felices como explicaba Dan Gilbert en su charla TED.

Pensar que lo malo (y lo bueno) durará siempre

La psicóloga y directora de Trendencias, Iria Reguera, nos explica que las personas resilientes no solo superan los problemas que se les presenten a lo largo de su vida, también “tienen la capacidad de convertir estas experiencias en algo de lo que aprender y conseguir que los fortalezca y los mejore.”Una persona con inteligencia emocional también es resiliente. Y lo es porque sabe que “no hay mal que cien años dure», como decía el refrán. Será capaz de enfrentarse a esa situación y aprender de ella porque sabe que es transitoria.

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Dejarse arrastrar por los (malos) pensamientos

Si la inteligencia emocional es la capacidad para reconocer las emociones propias y de los demás, también lo es detectar la rumiación mental y ponerle freno. Iria Reguera nos explica que esa rumiación ocurre cuando nuestro foco de atención se queda «atrapado» en algo (real o no) y eso nos genera estrés y ansiedad”. La rumiación mental debe atajarse y enfrentarse para evitar que ese malestar se mantenga.

No significa que alguien con inteligencia emocional no vaya a darle muchas vueltas a algo, sino que detecta rápidamente que le ocurre y es capaz de ponerle freno, ya que es completamente consciente de sus emociones.

Nota: algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Trendencias.

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fue publicada originalmente en

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Anabel Palomares

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