8 abril 2024 Por Anabel Palomares 0

Los padres olvidan enseñar a sus hijos este hábito a pesar de que es imprescindible para su éxito en la vida

Los padres quieren que sus hijos sean niños felices, que estén sanos y que aprendan todo lo posible para prepararles para su vida como adultos. Sin embargo existe un campo que resulta más complejo a la hora de enseñar a un niño y que tiene que ver con la inteligencia emocional.

La Dra. Aliza Pressman, psicóloga con dos décadas de experiencia trabajando con familias, afirma que en su estudio sobre cómo criar niños exitosos, ha descubierto que existe una habilidad que en ocasiones a los padres se les pasa por alto enseñar a los niños, y que sin duda tiene un impacto en su futuro: la autoeficacia.

Qué es la autoeficacia o eficacia personal

La eficacia personal es una habilidad relacionada con la autoconfianza y por lo tanto con la inteligencia emocional. Según el psicoterapauta Nathaniel Branden explicaba en su libro ‘Los 6 pilares de la autoestima’, la eficacia personal es “confianza en el funcionamiento de mi mente, confianza para pensar y entender, para aprender, elegir y tomar decisiones; confianza para entender los hechos de la realidad que entran el ámbito de mis intereses y necesidades; en creer en mí mismo; en la confianza en mí mismo.»

Es parte de la autoestima, pero no es autoestima en sí. Cuando hablamos de eficacia personal es la sensación de confianza frente a los desafíos de la vida. Para el psicólogo Albert Bandura, que definió la autoeficacia en 1977 en su libro ‘Auto- Eficacia: cómo afrontamos los cambios de la sociedad actual, es fundamental el aprendizaje por observación, la experiencia social y el determinismo recíproco en el desarrollo de la personalidad. Así, las actitudes de una persona, sus capacidades y sus habilidades cognitivas le ayudan a comprender lo que se conoce como el sistema del yo según su teoría cognitiva social.

Benjamin Manley en Unsplash

La clave es que la autoeficacia influye en la forma en que percibimos las situaciones y por lo tanto, en la respuesta que damos a ellas. De hecho, y tal y como afirma Pressman a la CNBC, “los niños con un fuerte sentido de eficacia personal tienen más probabilidades de desafiarse a sí mismos y esforzarse. En lugar de culpar a circunstancias externas o a una falta inmutable de talento por sus fracasos, se centrarán en factores que están bajo su control”.

Esta habilidad se obtiene de diferentes fuentes como la propia experiencia de hacer las cosas bien, la observación a otros o la capacidad de recordar lo hemos hecho bien. En este último punto entra el optimismo bien entendido. La psicóloga Aliza Pressman afirma que “las historias que nos contamos sobre el pasado crean nuestro sentido de competencia sobre el futuro”. Y es que numerosos estudios muestran que las personas que se inclinan hacia el optimismo, tienen una mentalidad de crecimiento y creen en sí mismas, no tienen en la mayoría de los casos unas experiencias pasadas diferentes a las de personas pesimistas, sino que recuerdan de forma más intensa sus éxitos que sus fracasos.

Lo que los padres pueden hacer para que sus hijos desarrollen la autoeficiencia

La experta afirma que existen varias prácticas que los padres pueden poner en práctica para desarrollar en los más pequeños esta habilidad relacionada con la inteligencia emocional y que a menudo se nos olvida. Por ejemplo, es bueno animar a los niños que intenten algo en lo que en un primer momento, no son buenos. En lugar de usar frases como “la práctica hace la perfección” es mejor educarlos en que “el esfuerzo hace la evolución”. No es necesario buscar la perfección sino una mejora sustancial.

En esta línea, la experta en crianza afirma que señalar los errores es mucho menos práctico que “reformular, cambiar la pregunta, aclarar instrucciones y repasar las habilidades aprendidas previamente” cuando el niño se equivoca. Además, es conveniente que validemos específicamente el trabajo bien hecho. Es decir, reconocer de manera específica y sincera factores como el esfuerzo, la perseverancia o la creatividad. En lugar de usar una frase como “buen trabajo”, la experta propone hacer esa mención al esfuerzo añadiendo más información. Por ejemplo “buen trabajo haciendo esos ejercicios de matemáticas que acabas de aprender”.

Senjuti Kundu en Unsplash

También es importante tal y como explica Pressman, “ayudar a los niños a trazar la línea entre la acción y el logro”. Aunque lo consigan, es importante matizar con ellos la acción y no tanto el logro en sí, porque así “los niños comprenden que sus fracasos no se deben a limitaciones permanentes”, explica. Y eso es un sinónimo de éxito en el futuro.

No es lo mismo que la autoestima y es importante no confundirlo. Con la autoestima nos damos un mensaje de lo increíbles que somos, pero con la eficacia personal o autoeficacia el mensaje es más racional y más realista: “Tengo lo necesario para resolver esto y conseguir lo que me propuse”.

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Anabel Palomares

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Los padres quieren que sus hijos sean niños felices, que estén sanos y que aprendan todo lo posible para prepararles para su vida como adultos. Sin embargo existe un campo que resulta más complejo a la hora de enseñar a un niño y que tiene que ver con la inteligencia emocional.

La Dra. Aliza Pressman, psicóloga con dos décadas de experiencia trabajando con familias, afirma que en su estudio sobre cómo criar niños exitosos, ha descubierto que existe una habilidad que en ocasiones a los padres se les pasa por alto enseñar a los niños, y que sin duda tiene un impacto en su futuro: la autoeficacia.

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Es parte de la autoestima, pero no es autoestima en sí. Cuando hablamos de eficacia personal es la sensación de confianza frente a los desafíos de la vida. Para el psicólogo Albert Bandura, que definió la autoeficacia en 1977 en su libro ‘Auto- Eficacia: cómo afrontamos los cambios de la sociedad actual, es fundamental el aprendizaje por observación, la experiencia social y el determinismo recíproco en el desarrollo de la personalidad. Así, las actitudes de una persona, sus capacidades y sus habilidades cognitivas le ayudan a comprender lo que se conoce como el sistema del yo según su teoría cognitiva social.

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La clave es que la autoeficacia influye en la forma en que percibimos las situaciones y por lo tanto, en la respuesta que damos a ellas. De hecho, y tal y como afirma Pressman a la CNBC, “los niños con un fuerte sentido de eficacia personal tienen más probabilidades de desafiarse a sí mismos y esforzarse. En lugar de culpar a circunstancias externas o a una falta inmutable de talento por sus fracasos, se centrarán en factores que están bajo su control”.

Esta habilidad se obtiene de diferentes fuentes como la propia experiencia de hacer las cosas bien, la observación a otros o la capacidad de recordar lo hemos hecho bien. En este último punto entra el optimismo bien entendido. La psicóloga Aliza Pressman afirma que “las historias que nos contamos sobre el pasado crean nuestro sentido de competencia sobre el futuro”. Y es que numerosos estudios muestran que las personas que se inclinan hacia el optimismo, tienen una mentalidad de crecimiento y creen en sí mismas, no tienen en la mayoría de los casos unas experiencias pasadas diferentes a las de personas pesimistas, sino que recuerdan de forma más intensa sus éxitos que sus fracasos.

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En esta línea, la experta en crianza afirma que señalar los errores es mucho menos práctico que “reformular, cambiar la pregunta, aclarar instrucciones y repasar las habilidades aprendidas previamente” cuando el niño se equivoca. Además, es conveniente que validemos específicamente el trabajo bien hecho. Es decir, reconocer de manera específica y sincera factores como el esfuerzo, la perseverancia o la creatividad. En lugar de usar una frase como “buen trabajo”, la experta propone hacer esa mención al esfuerzo añadiendo más información. Por ejemplo “buen trabajo haciendo esos ejercicios de matemáticas que acabas de aprender”.

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También es importante tal y como explica Pressman, “ayudar a los niños a trazar la línea entre la acción y el logro”. Aunque lo consigan, es importante matizar con ellos la acción y no tanto el logro en sí, porque así “los niños comprenden que sus fracasos no se deben a limitaciones permanentes”, explica. Y eso es un sinónimo de éxito en el futuro.

No es lo mismo que la autoestima y es importante no confundirlo. Con la autoestima nos damos un mensaje de lo increíbles que somos, pero con la eficacia personal o autoeficacia el mensaje es más racional y más realista: “Tengo lo necesario para resolver esto y conseguir lo que me propuse”.

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