9 marzo 2024 Por María Yuste 0

Poca gente sabe de qué están hechos los cubitos o pastillas de caldo concentrado y cuál es su principal inconveniente

Un buen caldo casero no solo entra que da gusto en el cuerpo, cuando hace frío, con unos fideos o una albóndiga. También es la base de multitud de recetas. Sin embargo (y por desgracia) no siempre que lo necesitamos tenemos en la nevera caldo de pollo, fumet de pescado o un caldo de verduras. Para esas ocasiones en las que tenemos en tiempo en contra hay dos opciones: los bricks o latas de caldo del supermercado o recurrir a las pastillas o cubitos concentrados. La ventaja que ofrece esta última es que se trata de un producto barato. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce.

Cuando ves las cajas en la estantería del supermercado, seguro que no te imaginas que tienen un origen militar. Se inventaron a finales del siglo XVIII para abastecer a las tropas napoleónicas. Después, el suizo Julius Maggi perfeccionó su elaboración y empezó su producción industrial, cuando se convirtieron, por su practicidad y bajo precio, en una revolución en los hogares, comedores comunitarios y la hostelería de entonces.

El problema es que estas pastillas rara vez incluyen caldo entre sus ingredientes. En general, suelen hacerse con una amalgama de ingredientes que, al diluirse, sirven para hacer caldo y otras elaboraciones del estilo. Una producción habitual consiste en mezclar ingredientes sólidos deshidratados y secos (como verduras, hierbas, almidones, carne, pescado…) con extractos líquidos concentrados o deshidratados (es decir, grasa) y aditivos (entre los que podemos encontrar: sal, glutamato monosódico, especias, aromas…).

Para comprobarlo, solo tenemos que leer la lista de ingredientes que encontraremos en la caja de cada uno de estos productos. Todo debe aparecer por ley bien indicado y en orden de mayor a menor proporción. Como ejemplo, los expertos de Directo al paladar han revisado el listado de ingredientes de un caldo de pollo estándar de dos de las marcas más populares de nuestro país y esto es con lo que se han encontrado.

Caldo de pollo Avecrem

Sal, potenciador del sabor (glutamato monosódico), almidón de maíz, grasa vegetal de palma, pollo de corral 5%, aromas (con huevo, trigo), salsa de soja, cebolla, extracto de levadura, hortalizas en proporción variable (patata, pimiento, zanahoria, perejil, puerro, apio, tomate), especias, grasa de pollo 0,1%, aceite de oliva virgen extra.

Caldo de pollo Knorr

Sal, almidón, grasa de palma, potenciadores del sabor (glutamato monosódico, inosinato y guanilato disódicos), aromas, azúcar, grasa de palma totalmente hidrogenada, aceite de oliva virgen extra (2%), grasa de pollo (2%) [grasa de pollo, antioxidante (extractos de romero)], pollo (1%) [pollo, sal, antioxidante (extractos de romero)], cebolla (1%), extracto de levadura, especias (contiene APIO), jarabe de caramelo, maltodextrina, perejil.

Conclusiones

Lo primero que llama la atención es que lo principales ingredientes son sal y potenciadores del sabor. Aunque la ciencia dice que los aditivos son seguros y no hay evidencias de que el glutamato monosódico sea «veneno», ambos cubitos de caldo son un ultraprocesado con un altísimo contenido en sal y grasas de mala calidad. Por lo tantnto, están a años luz de un caldo casero.

Karolina Grabowska

Además, de lo ya señalado, el contenido total de pollo es muy reducido e incluso en el segundo ejemplo predomina la grasa de ave por encima de su carne o y/o huesos. Además, incluye azúcares añadidos. Por este motivo, si los comparamos, el cubito de Avecrem es, al menos, nutricionalmente superior al de Knorr.

Los potenciadores del sabor, la sal, los azúcares y los aromas hacen más palatables estos alimentos. El problema es que modifican el gusto e incitan a comer más, aumentando el nivel de tolerancia a los alimentos muy salados o muy dulces. Por lo tanto, su uso debe ser ocasional. El abuso recurrente, sin embargo, puede acarrear un problema a medio y largo plazo.

Además, mejor recurrir a la opción de cubitos de caldo que sea reducida en sal, con alto porcentaje de pollo, verduras, carne o pescado, con grasas de calidad (aceite de oliva) y sin azúcares añadidos.

Foto de portada | Bluebird Provisions

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María Yuste

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Un buen caldo casero no solo entra que da gusto en el cuerpo, cuando hace frío, con unos fideos o una albóndiga. También es la base de multitud de recetas. Sin embargo (y por desgracia) no siempre que lo necesitamos tenemos en la nevera caldo de pollo, fumet de pescado o un caldo de verduras. Para esas ocasiones en las que tenemos en tiempo en contra hay dos opciones: los bricks o latas de caldo del supermercado o recurrir a las pastillas o cubitos concentrados. La ventaja que ofrece esta última es que se trata de un producto barato. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce.

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Cuando ves las cajas en la estantería del supermercado, seguro que no te imaginas que tienen un origen militar. Se inventaron a finales del siglo XVIII para abastecer a las tropas napoleónicas. Después, el suizo Julius Maggi perfeccionó su elaboración y empezó su producción industrial, cuando se convirtieron, por su practicidad y bajo precio, en una revolución en los hogares, comedores comunitarios y la hostelería de entonces.

El problema es que estas pastillas rara vez incluyen caldo entre sus ingredientes. En general, suelen hacerse con una amalgama de ingredientes que, al diluirse, sirven para hacer caldo y otras elaboraciones del estilo. Una producción habitual consiste en mezclar ingredientes sólidos deshidratados y secos (como verduras, hierbas, almidones, carne, pescado…) con extractos líquidos concentrados o deshidratados (es decir, grasa) y aditivos (entre los que podemos encontrar: sal, glutamato monosódico, especias, aromas…).

Para comprobarlo, solo tenemos que leer la lista de ingredientes que encontraremos en la caja de cada uno de estos productos. Todo debe aparecer por ley bien indicado y en orden de mayor a menor proporción. Como ejemplo, los expertos de Directo al paladar han revisado el listado de ingredientes de un caldo de pollo estándar de dos de las marcas más populares de nuestro país y esto es con lo que se han encontrado.

Caldo de pollo Avecrem

Sal, potenciador del sabor (glutamato monosódico), almidón de maíz, grasa vegetal de palma, pollo de corral 5%, aromas (con huevo, trigo), salsa de soja, cebolla, extracto de levadura, hortalizas en proporción variable (patata, pimiento, zanahoria, perejil, puerro, apio, tomate), especias, grasa de pollo 0,1%, aceite de oliva virgen extra.

Caldo de pollo Knorr

Sal, almidón, grasa de palma, potenciadores del sabor (glutamato monosódico, inosinato y guanilato disódicos), aromas, azúcar, grasa de palma totalmente hidrogenada, aceite de oliva virgen extra (2%), grasa de pollo (2%) [grasa de pollo, antioxidante (extractos de romero)], pollo (1%) [pollo, sal, antioxidante (extractos de romero)], cebolla (1%), extracto de levadura, especias (contiene APIO), jarabe de caramelo, maltodextrina, perejil.

Conclusiones

Lo primero que llama la atención es que lo principales ingredientes son sal y potenciadores del sabor. Aunque la ciencia dice que los aditivos son seguros y no hay evidencias de que el glutamato monosódico sea «veneno», ambos cubitos de caldo son un ultraprocesado con un altísimo contenido en sal y grasas de mala calidad. Por lo tantnto, están a años luz de un caldo casero.

Karolina Grabowska

Además, de lo ya señalado, el contenido total de pollo es muy reducido e incluso en el segundo ejemplo predomina la grasa de ave por encima de su carne o y/o huesos. Además, incluye azúcares añadidos. Por este motivo, si los comparamos, el cubito de Avecrem es, al menos, nutricionalmente superior al de Knorr.

Los potenciadores del sabor, la sal, los azúcares y los aromas hacen más palatables estos alimentos. El problema es que modifican el gusto e incitan a comer más, aumentando el nivel de tolerancia a los alimentos muy salados o muy dulces. Por lo tanto, su uso debe ser ocasional. El abuso recurrente, sin embargo, puede acarrear un problema a medio y largo plazo.

Además, mejor recurrir a la opción de cubitos de caldo que sea reducida en sal, con alto porcentaje de pollo, verduras, carne o pescado, con grasas de calidad (aceite de oliva) y sin azúcares añadidos.

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