21 diciembre 2023 Por Anabel Palomares 0

Si te reconoces en estos sentimientos has dejado de crecer como persona

Cuando nos encontramos en la dirección correcta, lo único que debemos hacer es seguir caminando. Con esta cita Zen comienza el libro de la psicóloga y mental trainer María Martínez. Llegó a mis manos hace unas semanas y ahora que termina el año, es el momento en que he podido ponerme a leerlo.

En Vivir en modo Kaizen habla de desarrollo personal, de crecimiento, y de cómo sin saber lo que pasa, a veces nos sentimos bloqueados. Nos estancamos. Aceptar que hemos llegado a un punto muerto es el primer paso para coger impulso y continuar. Por eso, para seguir creciendo, lo primero es identificar esos sentimientos que indican que hemos dejado de crecer como persona. El objetivo es que al conocerlos, seamos capaces de reflexionar sobre ellos y eliminarlos.

Conformismo

La complacencia es por definición la satisfacción, el placer o el gozo que resulta de algo. No es mala, perse, pero si nos “acomodamos” en ella y nos mostramos reacias a buscar nuevas oportunidades, puede que el crecimiento personal no esté en nuestra lista de prioridades.

No es que la ambición tenga que formar siempre parte de nuestra vida y en todo momento. De hecho no disfrutar de los logros y los éxitos que obtenemos por ejemplo en el trabajo es un síntoma de dismorfia de productividad, pero conformarnos con un objetivo cumplido durante demasiado tiempo, sin buscar uno nuevo, puede ser contraproducente si hablamos de desarrollo personal.

Abrazar el conformismo en todo, es condenarnos al aburrimiento. Si vemos la vida como un constante cambio, que lo es, también podemos ver que la satisfacción a largo plazo está repleta de desafíos que superar. De hecho, según los psicólogos de Therapy Side, “El desarrollo personal es un concepto que abarca el crecimiento y la evolución de uno mismo. Es un proceso continuo de autodescubrimiento, aprendizaje y crecimiento que nos ayuda a alcanzar nuestro máximo potencial en la vida.” Frenarnos conformándose, es incompatible con este hecho.

Dudas

Convertirse en tu mejor versión se complica si constantemente dudas de tus habilidades, tus fortalezas y tu capacidad de resiliencia. De nuevo vuelve a la mesa la autoestima. Es que cuando le cuentas tus planes te contesta con un “no lo conseguirás”.

Iria Reguera, psicóloga y redactora jefa de Trendencias, nos explica que “somos nuestras peores y más duras críticas”, y asegura que “la forma en la que nos hablamos y las cosas que nos decimos afectan a nuestro autoconcepto”, así que alejarnos de la autoconversación negativa es lo primero que debemos hacer para empezar a cambiar las dudas por autodeterminación.

Desconexión de los objetivos

Siguiendo con la línea anterior nos encontramos con los objetivos. Puede que los tengas, pero que esa meta que esperas conseguir se haya difuminado y no la veas clara. No pasa nada por parar y reformular los objetivos, descartando aquellos que ya no nos sirven. Es un hecho que cambiamos, cambia nuestra vida y cambian nuestras prioridades, así que no pasa nada si nuestros objetivos también lo hacen.

Si siendo niña soñabas con tener una casa en el campo, pero en tu edad adulta has descubierto que amas vivir en una ciudad, no temas cambiar ese objetivo. En mi caso, por ponerte un ejemplo, soñaba con dar la vuelta al mundo, pero mi situación económica actual me lo impide. Cuando lo planifiqué no había comprado mi casa, ni tenía una hipoteca que pagar. Ahora tengo otras obligaciones y mi contexto ha cambiado. Si mantengo ese objetivo corro el riesgo de frustrarme, pero puedo modificarlo por otro como hacer un road trip por España, Francia, Portugal e Italia en los próximos cinco años.

Tenemos que descartar objetivos que ya no nos sirven para hacer espacio en nuestras vidas a aquellos que sí nos sirven. Reflexionar sobre la conexión emocional con tus objetivos revisar nuestro plan de vida no es dar un paso atrás, sino encontrar de nuevo esa chispa que parece perdida.

Miedo (a fracasar)

No sé la cantidad de veces que he dicho que no a proyectos por miedo a que salieran mal. Y lo cierto es que en muchas ocasiones, las cosas pueden salir mal. “El éxito representa el 1% del trabajo resultante del 99% restante, al que se suele llamar fracaso. Ninguna persona que no esté familiarizada con el fracaso tendrá éxito”, afirmaba Soichino Honda, fundador de Honda Motors. Es decir, que no salga bien no es una pérdida, sino un aprendizaje.

John Maxwell, experto en liderazgo, y autor del libro El lado positivo del fracaso: ¿cómo convertir los errores en puentes hacia el éxito?, nos explica en su libro que podemos convertir el fracaso en un valor positivo en cualquier ámbito de nuestra vida, y cuando entendemos eso, el miedo a fracasar se diluye como por arte de magia.

Tener miedo es humano, y es una emoción que acoger y querer como cualquier otra, aunque se tilde de emoción negativa. Pero si dejamos que ese miedo al fracaso nos domine, estaremos paralizando nuestro desarrollo personal. Lucía Cuesta, psicóloga clínica y neuropsicóloga, nos explicaba que «una persona con autoestima alta suele ser alguien que acepta los errores sin observarlos como un fracaso, si no como una situación más que la vida le pone delante. Sin embargo, llegar a ello requiere un proceso previo de aceptación”.

Pensamiento de que has llegado al tope

El crecimiento es ilimitado. Siempre podemos aprender cosas nuevas, pero si sentimos que hemos llegado a nuestro tope, dejaremos de crecer. Esta creencia de que el crecimiento ha llegado a su límite surge de una mentalidad fija, una perspectiva que sugiere que las habilidades son estáticas. Abandonar esa creencia y optar por una mentalidad de crecimiento puede abrir la puerta al aprendizaje permanente.

Resistencia a las críticas

Estar a la defensiva o resistirse a las críticas constructivas impide el crecimiento personal, además de ser un sinónimo de que nos falta inteligencia emocional. Aceptar las críticas es una forma de ver lo que nos ocurre desde otra perspectiva. Eso sí, es importante que las críticas se presenten desde el respeto para que nos ayuden a conocernos mejor y con ello, a crecer como personas. De hecho lo que hace alguien bueno es trabajar a diario para convertirse en una mejor persona y para eso tenemos que escuchar y aceptar las críticas.

Apatía

La apatía es eso que sentimos cuando nos levantamos y lo único que nos apetece es volver a meternos en la cama. Nada te apetece, todo te viene mal.

Cuando terminó la pandemia, la languidez fue elegida como la emoción de 2021. «Languidecer es tener una serie de emociones que abarcan agotamiento mental, falta de motivación, sensación de estancamiento y vacío o aburrimiento en los días», nos explicaba Aurora López, psicóloga y directora del centro ‘Más Vida Psicólogos’. Es una sensación de apatía, inquietud o falta general de interés en la vida.

No significa que siempre tenga que aparecernos todo y estar motivadísimos, pero una apatía crónica puede estancarnos y hasta estar provocada por patologías como la depresión. La apatía puede ser por el trabajo y que sufres burnout, simplemente que no te gusta cómo es tu vida ahora mismo, que estás aburrida o un sinfín de opciones.

Es el momento de pensar en por qué estás así. Si te sientes apática siempre, acude a un profesional para averiguar qué está pasando y por qué hay algo robándote la alegría de vivir como un dementor.

Falta de curiosidad

Ya te hemos contado que las personas inteligentes son curiosas por naturaleza, pero la curiosidad es además una herramienta de crecimiento personal. Es la que nos anima a salir de la zona de confort, la que nos invita a aprender y con la que encendemos la llama del cambio personal. Cuando no te preocupas por cómo cambiaría tu vida si hicieras un esfuerzo o si cambiaras algo, es que no estás muy interesada en crecer como persona.

Nota: algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Trendencias.

Fotos | Come, reza, ama

En Trendencias | 110 frases motivadoras que te ayudarán a conseguir lo que te propongas en la vida


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Si te reconoces en estos sentimientos has dejado de crecer como persona

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Anabel Palomares

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Cuando nos encontramos en la dirección correcta, lo único que debemos hacer es seguir caminando. Con esta cita Zen comienza el libro de la psicóloga y mental trainer María Martínez. Llegó a mis manos hace unas semanas y ahora que termina el año, es el momento en que he podido ponerme a leerlo.

En Vivir en modo Kaizen habla de desarrollo personal, de crecimiento, y de cómo sin saber lo que pasa, a veces nos sentimos bloqueados. Nos estancamos. Aceptar que hemos llegado a un punto muerto es el primer paso para coger impulso y continuar. Por eso, para seguir creciendo, lo primero es identificar esos sentimientos que indican que hemos dejado de crecer como persona. El objetivo es que al conocerlos, seamos capaces de reflexionar sobre ellos y eliminarlos.

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Conformismo

La complacencia es por definición la satisfacción, el placer o el gozo que resulta de algo. No es mala, perse, pero si nos “acomodamos” en ella y nos mostramos reacias a buscar nuevas oportunidades, puede que el crecimiento personal no esté en nuestra lista de prioridades.

No es que la ambición tenga que formar siempre parte de nuestra vida y en todo momento. De hecho no disfrutar de los logros y los éxitos que obtenemos por ejemplo en el trabajo es un síntoma de dismorfia de productividad, pero conformarnos con un objetivo cumplido durante demasiado tiempo, sin buscar uno nuevo, puede ser contraproducente si hablamos de desarrollo personal.

Abrazar el conformismo en todo, es condenarnos al aburrimiento. Si vemos la vida como un constante cambio, que lo es, también podemos ver que la satisfacción a largo plazo está repleta de desafíos que superar. De hecho, según los psicólogos de Therapy Side, “El desarrollo personal es un concepto que abarca el crecimiento y la evolución de uno mismo. Es un proceso continuo de autodescubrimiento, aprendizaje y crecimiento que nos ayuda a alcanzar nuestro máximo potencial en la vida.” Frenarnos conformándose, es incompatible con este hecho.

Dudas

Convertirse en tu mejor versión se complica si constantemente dudas de tus habilidades, tus fortalezas y tu capacidad de resiliencia. De nuevo vuelve a la mesa la autoestima. Es que cuando le cuentas tus planes te contesta con un “no lo conseguirás”.

Iria Reguera, psicóloga y redactora jefa de Trendencias, nos explica que “somos nuestras peores y más duras críticas”, y asegura que “la forma en la que nos hablamos y las cosas que nos decimos afectan a nuestro autoconcepto”, así que alejarnos de la autoconversación negativa es lo primero que debemos hacer para empezar a cambiar las dudas por autodeterminación.

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Desconexión de los objetivos

Siguiendo con la línea anterior nos encontramos con los objetivos. Puede que los tengas, pero que esa meta que esperas conseguir se haya difuminado y no la veas clara. No pasa nada por parar y reformular los objetivos, descartando aquellos que ya no nos sirven. Es un hecho que cambiamos, cambia nuestra vida y cambian nuestras prioridades, así que no pasa nada si nuestros objetivos también lo hacen.

Si siendo niña soñabas con tener una casa en el campo, pero en tu edad adulta has descubierto que amas vivir en una ciudad, no temas cambiar ese objetivo. En mi caso, por ponerte un ejemplo, soñaba con dar la vuelta al mundo, pero mi situación económica actual me lo impide. Cuando lo planifiqué no había comprado mi casa, ni tenía una hipoteca que pagar. Ahora tengo otras obligaciones y mi contexto ha cambiado. Si mantengo ese objetivo corro el riesgo de frustrarme, pero puedo modificarlo por otro como hacer un road trip por España, Francia, Portugal e Italia en los próximos cinco años.

Tenemos que descartar objetivos que ya no nos sirven para hacer espacio en nuestras vidas a aquellos que sí nos sirven. Reflexionar sobre la conexión emocional con tus objetivos revisar nuestro plan de vida no es dar un paso atrás, sino encontrar de nuevo esa chispa que parece perdida.

Miedo (a fracasar)

No sé la cantidad de veces que he dicho que no a proyectos por miedo a que salieran mal. Y lo cierto es que en muchas ocasiones, las cosas pueden salir mal. “El éxito representa el 1% del trabajo resultante del 99% restante, al que se suele llamar fracaso. Ninguna persona que no esté familiarizada con el fracaso tendrá éxito”, afirmaba Soichino Honda, fundador de Honda Motors. Es decir, que no salga bien no es una pérdida, sino un aprendizaje.

John Maxwell, experto en liderazgo, y autor del libro El lado positivo del fracaso: ¿cómo convertir los errores en puentes hacia el éxito?, nos explica en su libro que podemos convertir el fracaso en un valor positivo en cualquier ámbito de nuestra vida, y cuando entendemos eso, el miedo a fracasar se diluye como por arte de magia.

Tener miedo es humano, y es una emoción que acoger y querer como cualquier otra, aunque se tilde de emoción negativa. Pero si dejamos que ese miedo al fracaso nos domine, estaremos paralizando nuestro desarrollo personal. Lucía Cuesta, psicóloga clínica y neuropsicóloga, nos explicaba que «una persona con autoestima alta suele ser alguien que acepta los errores sin observarlos como un fracaso, si no como una situación más que la vida le pone delante. Sin embargo, llegar a ello requiere un proceso previo de aceptación”.

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Pensamiento de que has llegado al tope

El crecimiento es ilimitado. Siempre podemos aprender cosas nuevas, pero si sentimos que hemos llegado a nuestro tope, dejaremos de crecer. Esta creencia de que el crecimiento ha llegado a su límite surge de una mentalidad fija, una perspectiva que sugiere que las habilidades son estáticas. Abandonar esa creencia y optar por una mentalidad de crecimiento puede abrir la puerta al aprendizaje permanente.

Resistencia a las críticas

Estar a la defensiva o resistirse a las críticas constructivas impide el crecimiento personal, además de ser un sinónimo de que nos falta inteligencia emocional. Aceptar las críticas es una forma de ver lo que nos ocurre desde otra perspectiva. Eso sí, es importante que las críticas se presenten desde el respeto para que nos ayuden a conocernos mejor y con ello, a crecer como personas. De hecho lo que hace alguien bueno es trabajar a diario para convertirse en una mejor persona y para eso tenemos que escuchar y aceptar las críticas.

Apatía

La apatía es eso que sentimos cuando nos levantamos y lo único que nos apetece es volver a meternos en la cama. Nada te apetece, todo te viene mal.

Cuando terminó la pandemia, la languidez fue elegida como la emoción de 2021. «Languidecer es tener una serie de emociones que abarcan agotamiento mental, falta de motivación, sensación de estancamiento y vacío o aburrimiento en los días», nos explicaba Aurora López, psicóloga y directora del centro ‘Más Vida Psicólogos’. Es una sensación de apatía, inquietud o falta general de interés en la vida.

No significa que siempre tenga que aparecernos todo y estar motivadísimos, pero una apatía crónica puede estancarnos y hasta estar provocada por patologías como la depresión. La apatía puede ser por el trabajo y que sufres burnout, simplemente que no te gusta cómo es tu vida ahora mismo, que estás aburrida o un sinfín de opciones.

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Falta de curiosidad

Ya te hemos contado que las personas inteligentes son curiosas por naturaleza, pero la curiosidad es además una herramienta de crecimiento personal. Es la que nos anima a salir de la zona de confort, la que nos invita a aprender y con la que encendemos la llama del cambio personal. Cuando no te preocupas por cómo cambiaría tu vida si hicieras un esfuerzo o si cambiaras algo, es que no estás muy interesada en crecer como persona.

Nota: algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Trendencias.

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Si te reconoces en estos sentimientos has dejado de crecer como persona

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Anabel Palomares

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